domingo 3 de agosto de 2008

RASPUTIN EN CARACAS


Personajes:

Telmo: Telmo Romero, el Rasputín criollo.
Casimira: hermana de Baldomera.
Baldomera: hermana de Casimira.
Evaristo: médico vecino, amigo de Casimira y Baldomera.
Críspulo: estudiante universitario, compañero de Venancio.
Venancio: estudiante universitario, compañero de Críspulo.
Crespo: El presidente Joaquín Crespo.
Un enfermero
Dos Soldados.



Asilo Nacional de Enajenados Mentales de Los Teques




Un enfermero con una bata blanca recibe al público preguntándoles si todos compraron sus boletos para ver a los locos, una vez que entran los espectadores se dirige a ellos.




Enfermero: Bienvenidos al Asilo Nacional de Enajenados Mentales de Los Teques, recuerden que no deben acercarse a los locos, solo observen de lejos las extravagancias de los internos, pueden molestarlos para su diversión pero sólo desde las ventanas, detrás de los barrotes, si alguno de ustedes no ha cancelado el boleto de admisión hágalo en la entrada del asilo. Traten de no ser muy duros con los lunáticos, es muy fácil cambiar de lugar, cualquiera de ustedes desde donde se encuentran ahora pueden pasar después a ser uno de ellos, por mi experiencia en este lugar, puedo decirles que algunas personas que siempre han llevado una vida normal empiezan de repente a desarrollar conductas extrañas. Yo podría apostar que ninguno de ustedes podría definirme claramente ¿qué es una conducta normal?, si ustedes dudaban de la existencia del demonio, quizás después de esta visita no lo duden más, por cierto quiero aclararles que obligamos a bailar a los trastornados, ya que la música y la danza en muchos casos cura la demencia porque restaura el equilibrio de las sustancias del cuerpo, bienvenidos.




Vemos a un grupo de enajenados mentales bailando enloquecidamente como en un escenario infernal, uno de ellos no participa de la danza, está inmóvil con la mirada fija hacia el sur. Suena la canción “¿Dónde están las llaves?” bailan endemoniadamente, hasta que entra Telmo Romero.




Yo tengo un castillo,matarile-rile-rile,yo tengo un castillo,matarile-rile-ron,
¿Dónde están las llaves?matarile-rile-rile,¿dónde están las llaves?matarile-rile-ron,
En el fondo del mar,matarile-rile-rile,en el fondo del mar,matarile-rile-ron,
¿Quién irá a buscarlas?matarile-rile-rile,¿quién irá a buscarlas?matarile-rile-ron,




Telmo: (dirigiéndose al enfermero, mientras los internos siguen danzando)
Bachiller soy Telmo Romero el nuevo Director del Asilo, a partir de hoy esta prohibido cobrar estas visitas para que la gente venga a divertirse a costa de estos pobres desgraciados, en mi gobierno las normas son otras, debemos respetar la humanidad de los internos, apruebo se les obligue a bailar pero mis métodos son mucho mas efectivos, estas instituciones no son para almacenar enajenados sino para curarlos y que vuelvan a ser útiles para la patria.¿Qué novedades tenemos el día de hoy?
Enfermero: Ingresaron dos nuevos pacientes, una señora que consiguieron vagando por la carretera de Caracas hacia Los Teques, cuando la encontraron no podía recordar su nombre, dónde vivía ni por qué estaba caminando por la carretera.
Telmo: ¿Y el otro paciente?
Enfermero: Lo trajo el cura de la parroquia, dice que está endemoniado, es un señor que no puede evitar sacar la lengua o gritar groserías siempre que trata de rezar.
Telmo: ¿Y aquel desgraciado que se niega a bailar al son que le tocan?
Enfermero: Es un rebelde, se queda inmóvil, viendo siempre hacia el sur.
Telmo: Con él vamos a demostrar que mis métodos de curación funcionan, lo obligaremos a bailar la danza que la patria crea conveniente que baile, “patria o muerte”, desaloje a los demás enfermos, traiga una silla y me lo sienta, ordene que calienten la punta de un clavo al rojo vivo, tráigame un martillo con el clavo y ayúdeme a sacarle la semilla de la locura, de la cabeza.
El enfermero saca a los locos danzantes, coloca una silla en el centro del escenario y sienta al loco que se negaba a danzar, sale y entra inmediatamente, trae en sus manos una bandeja con un clavo enorme y un martillo.
Telmo: (toma el clavo y el martillo) Sujete bien al paciente bachiller, que no se mueva de la silla, voy a suministrarle el tratamiento.




(Coloca el clavo en medio de la cabeza del paciente y se lo clava con la ayuda del martillo, se escucha un grito aterrador, al tiempo que se apagan las luces).




Pensión estudiantil.




Vemos a dos señoras, están barriendo el piso cada una con una escoba.




Baldomera: No puedo dejar de pensar en mi esposito.
Casimira: ¿Quien te manda a casarte con un loco de profesión?
Baldomera: Tú sabes bien que estaba sano cuando nos casamos. La mente se le nubló después, de repente llegó el infortunio trajeado de enfermedad.
Casimira: ¿Cómo no te distes cuenta que actuaba raro?
Baldomera: Todos los días pasan cosas raras en las vidas de las personas.
Casimira: Si tú lo dices, me acuerdo de algo.
Baldomera: ¿De qué, te acuerdas?
Casimira: Un día se miró al espejo y no se reconoció, preguntó que hacia ese tipo en su casa.
Baldomera: No te burles de mi tragedia.
Casimira: No me burlo, solo estoy recordando.
Baldomera: Peor fuiste al enamorarte de un ciego.
Casimira: ¿Dónde iba a encontrar nada mejor?, después de todo, fue el único que logró ver todo lo bueno de mí.
Baldomera: Como va a ver nada si era ciego.
Casimira: Tú sabes bien a que me refiero.
Baldomera: A un ciego se le ayuda a cruzar la calle, se le regala un perro, pero no se enamora una de él.
Casimira: Por cierto lo primero que le regale fue un perro, eso fue lo que mas nos unió
Baldomera: Pues cómprate uno y olvídate de ese perro.
Casimira: No le digas perro.
Baldomera: No me refiero a tu ciego sino a su perro, aunque a decir verdad él también era un perro.
Casimira: No empieces con eso.
Baldomera: No me gustaba que te pegara.
Casimira: Él me pegaba, pero sólo cuando me lo merecía.
Baldomera: ¿Cómo puedes decir eso? Que locura.
Casimira: Por lo menos estaba solo loco por mí, el tuyo está loco en general.
Baldomera: Un pobre ciego, un condenado a las tinieblas, un hombre que nunca consiguió nada sin tu ayuda.
Casimira: ¿Cómo va a conseguir algo si era ciego?
Baldomera: Sabes a que me refiero.
Casimira: Si supieras que yo he estado muy mal de la vista, pero muy mal.
Baldomera: Claro que lo creo.
Casimira: ¿Qué quieres decir?
Baldomera: ¿A quien se le ocurre fijarse de un ciego?
Casimira: ¿Y a quien se le ocurre enamorarse de un loco?
Baldomera: Tenias que estar mal de la vista, Casimira.
Casimira: Nunca lo viste con buenos ojos.
Baldomera: Mis ojos eran mejor que los suyos.
Casimira: Tú sabes a que me refiero, Baldomera. Además, todos de cierta manera, caminamos a oscuras.
Baldomera: Por lo menos no te veía tus defectos.
Casimira: Como si lo haces tú y a cada momento.
Baldomera: No exageres que no es así.
Casimira: A veces pienso si eso de la ceguera será contagioso.
Baldomera: ¿Por qué lo dices?
Casimira: En algunas ocasiones se me nubla la vista y veo todo distorsionado.
Baldomera: Con razón.
Casimira: Pienso que nadie está a salvo de padecer alguna forma de ceguera.
Baldomera: Para lo que hay que ver.
Casimira: Nada bueno.
Baldomera: Pienso que es inútil la búsqueda de la persona perfecta.
Casimira: Que reúna todos los requisitos.
Baldomera: Capaz de hacernos plenamente felices.
Casimira: Eso no existe sino en las novelas románticas.
Baldomera: Si una no quería quedarse para vestir santos en la catedral pues nos teníamos que conformar con un compañero con algún defecto. No podíamos seguir buscando, siempre me ha parecido falso ese dicho de “busca y encontrarás”.
Casimira: Más vale pájaro en mano que cien volando.
Baldomera: A ti te gustaba mucho ese pájaro.
Casimira: Si pero el pájaro voló.
Baldomera: En boca cerrada no entran moscas.
Casimira: El mío no veía pero con las manos era una maravilla.
Baldomera: ¿Solo con las manos?
Casimira: Tú sabes bien a que me refiero.
Baldomera: Nunca te he preguntado ¿por qué le decían el topo?
Casimira: Resulta que el no nació ciego.
Baldomera: No me digas ahora que al verte a ti se encandiló.
Casimira: Si te vas a burlar no te cuento nada.
Baldomera: No te pongas brava y sigue ¿por qué le decían el topo?, no me lo has dicho.
Casimira: Resulta que se quedó mirando el eclipse de Sol.
Baldomera: ¿Y entonces?
Casimira: Entonces, que cuando terminó el eclipse estaba ciego. Una gran oscurana se adueñó de sus ojos.
Baldomera: ¿El pobre se eclipsó?
Casimira: Algo así.
Baldomera: Le pasó como al girasol.
Casimira: Es verdad, los girasoles tampoco pueden dejar de ver el sol.
Baldomera: ¿Pero que tiene que ver eso con que le llamaran el Topo?
Casimira: Le pasó como a los topos que cuando salen a la superficie y ven el sol quedan ciegos.
Baldomera: ¿Sabes?, hecho mucho de menos a mi esposito,
Casimira: ¿Qué es lo que mas hecha de menos?
Baldomera: Era tan dulce.
Casimira: Un dulce nunca amarga. Pero tú sabes que no se entregaba por completo a nadie.
Baldomera: Tengo la completa certeza que yo soy la única persona que amó en toda su vida.
Casimira: Recuerdo que una vez le escuche decir que el amor era como las muñecas rusas, que tenías que abrir varias para saber como es.
Baldomera: Yo no recuerdo eso.
Casimira: Cada quien recuerda lo que le conviene.
Baldomera: Yo lo que recuerdo como si fuera el día de hoy es cuando se quedó inmóvil, como soñando despierto, sin decir una sola palabra, con la mirada fija dirigida hacia el sur.
Casimira: Siempre me ha intrigado por que miraba al sur y no al norte, al este o al oeste, ¿por que al sur?
Baldomera: No lo supe. Nunca me explicó por qué.
Casimira: Desde ese día trato de no ver en esa dirección. Por si acaso, Dios me proteja.
Baldomera: Recuerdo que cerré los ojos para no llorar.
Casimira: La verdad que si una deja los ojos abiertos sin pestañear, la lagrima es inevitable.
Baldomera: Si supieras que cuando lloro me siento mejor.
Casimira: El que llora su mal, no lo remedia.
Baldomera: Pero algo consuela, por lo menos.
Casimira: Llora pues todo lo que quieras.
Baldomera: Ahorita no tengo ganas.
Casimira: Pues déjalo para mas tarde.
Baldomera: Trate de hacer lo mejor para él.
Casimira: A veces lo mejor es lo peor de lo que se conoce.
Baldomera: Siempre lo mejor es lo menos malo.
Casimira: ¿No recuerdas como sonrió antes de enmudecer? Había algo parecido a una sonrisa aleteando en la parte inferior de su rostro.
Baldomera: Lo suyo era una dolencia celestial, como si hubiera entrado en el espacio de los ángeles, siempre mantuvo su sonrisa.
Casimira: Esa sonrisa me daba miedo.
Baldomera: Era una sonrisa como la de la Mona Lisa.
Casimira: Entre siniestra y burlona.
Baldomera: Fueron los últimos signos de la despedida. Me observó un momento y luego me preguntó como era Alaska.
Casimira: Después de eso nunca mas dijo una sola palabra.... movía la boca, pero de ella no salía sonido alguno.
Baldomera: Nunca me voy a perdonar el haberlo llevado al manicomio. Lo dejamos a la deriva.
Casimira: La vida supone una toma permanente de decisiones. ¿Qué otra cosa podíamos hacer? (camina cojeando hacia una ventana, se escucha un griterío en la calle). ¿Baldomera, qué será ese griterío en la calle?
Baldomera: Nada grave Casimira, no te preocupes, solo es otra revolución.
Casimira: Siempre nos gusta lo que no tenemos.
Baldomera: ¿Y a quien no?
Casimira: Quiera Dios que sirva para conseguir un nuevo mundo posible.
Baldomera: Para eso esperemos un nuevo día.
Casimira: Esperemos que soplen esos vientos en algún momento.
Baldomera: Y que estemos vivas para sentir la brisa.
Casimira: Con nuestra suerte lo que podemos recibir es un ventarrón.




Universidad Central de Venezuela.




Vemos a dos estudiantes sentados en el piso con libros y cuadernos, escribiendo y leyendo.




Venancio: ¿Sabes, Críspulo?, por más que estudio para ese bendito examen, no me siento seguro.
Críspulo: Venancio, prepara unas chuletas con las cosas que te sientas más inseguro, son muy efectivas.
Venancio: No me gustan las chuletas.
Críspulo: Por cierto las chuletas que nos preparó la señora Casimira estaban muy saladas.
Venancio: Salado estás tú. La verdad es que Casimira cocina como si el mismísimo diablo cocinara una de sus plagas.
Crispulo: No, de verdad, hablando en serio.
Venancio: Es que la señora Casimira no ve bien lo que le hecha a la comida.
Críspulo: Las chuletas no me gustan, me ponen nervioso.
Venancio: No es para tanto, te las comes rápido sin saborearla mucho y más nada.
Crispulo: No hablo de las chuletas de Casimira sino de las otras.
Venancio: ¿Y por qué te ponen nervioso?
Críspulo: ¿No recuerdas lo que le pasó a Florencio?
Venancio: No, no lo recuerdo, últimamente tengo mala memoria., ¿qué le pasó?
Críspulo: En el examen del profesor Filadelfo.
Venancio: Ese profesor es muy bueno.
Críspulo: No me interrumpas, déjame terminar.
Venancio: Esta bien, sigue pues, ¿qué le pasó a nuestro compañero Florencio?
Críspulo: Resulta que estaba copiándose de una chuleta....
Venancio: ¿Y entonces?
Críspulo: Entonces el profesor caminó hacia el pupitre donde estaba Florencio…
Venancio: ¿Y entonces?
Críspulo: Con los nervios se le cayó la chuleta al suelo.
Venancio: ¡Susto!
Críspulo: Entonces, cuando fue agarrarla del suelo para que el profesor no se diera cuenta, con los nervios se cayó encima de la chuleta con todo y pupitre.
Venancio: Pobrecito…
Críspulo: El profesor se acercó para ayudarlo a levantarse y Florencio le decía: “déjeme en el suelo” y el profesor preocupadísimo le preguntaba si se había hecho daño y él solo le repetía déjeme en el suelo, déjeme en el suelo.
Venancio: Claro ya entiendo con su cuerpo estaba tapando la chuleta, ¡que loco¡
Críspulo: A mi me dan también muchos nervios las chuletas, además me da miedo el profesor Navarrete es tan arbitrario.
Venancio: No le tengas miedo al profesor Navarrete, sino te va a raspar en el examen.

Críspulo: Eso es lo quiere, rasparme.
Venancio: Si, eso parece. De verdad, si quieres te doy un consejo que a mí me sirve para perderle el miedo a alguien.
Críspulo: Dime pues, ¿cual será?
Venancio: Te imaginas a esa persona: haciendo pupú.
Críspulo: ¡Que cochinada!
Venancio: Simplemente, le pierdes el miedo, te das cuenta, que es como cualquiera, eso inspira confianza, falsa confianza, claro, pero confianza al fin y al cabo.
Críspulo: Esta bien, lo intentaré.
Venancio: Hablando de hacer pupú.
Críspulo: ¿Qué pasa con eso?
Venancio: Los nervios para el examen me aflojaron el estomago.
Crispulo: Mi profesor de canto dice: que el sonido de la letra i es sanadora, repite conmigo i, iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Venancio: i, i, iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Críspulo: ¿Te sientes mejor?
Venancio: Más o menos.
Críspulo: Mejor, cómprate unas hierbas en la botica de Telmo, son bien buenas para eso.
Venancio: Esta bien acompáñame a la Botica Indiana para comprar las hierbas. (Salen de escena)




La Botica Indiana




Vemos a Telmo detrás de un mostrador lleno de hierbas, está preparando un jarabe en un frasco, entran Venancio y Críspulo.




Venancio: Buenos Días, Telmo.
Críspulo: ¿Que tal señor Telmo?
Telmo: ¿En que podemos servir a los ilustres bachilleres de la República? ¿Como puedo ayudarlos con la eterna sabiduría a mi transmitida por nuestros sabios hermanos?. No soy más que un humilde especialista de la terapéutica indígena.
Críspulo: ¿Le queda un poquito de la tacamajaca de Ño Leandro, para dársela al compañero Venancio?
Telmo: Espero que no sea una burlita con el ilustre padre de nuestro presidente el más sabio en nuestra medicina popular y nunca bien ponderado Don Leandro Crespo, de todos modos no me queda nada de su excelente remedio, producto de nuestro gran árbol del tacamahaco. ¿Se puede saber que tiene el ilustre bachiller Venancio?
Venancio: Tengo examen y los nervios me aflojaron el estomago.
Críspulo: No se le para la cagantina.
Telmo: Espero que sea sólo por el examen y no por lo de la polilla. Para los nervios nerviosos debe usted mi admirado bachiller tener más fe en su cacumen, y encomendarse a las fuerzas poderosas de la sabia naturaleza, (le entrega unas ramas) prepárese un cocimiento de estas bondadosas hierbas y con el resto que le quede lo mezcla con sebo de ganado y se lo mete por atrás como un supositorio.
Venancio: Gracias, le echaré bastante sebo.
Telmo: También puede utilizar manteca de culebra de agua, para que le entre mejor.
Venancio: Espero que me corte la cagantina.
Telmo: Si no se le mejora, venga para recetarle la mixtura contra los pujos, es lo más eficaz para combatir las diarreas rebeldes.
Venancio: Así lo haré, hablando de otra cosa ¿Es verdad que allí en el Táchira le llamaban “Guarapito” por recetar menjurjes?
Telmo: La gente es muy falta de respeto.
Críspulo: Telmo. ¿También los tachirenses son andinos?
Telmo: Pues claro que sí, el remoto Táchira es también parte de Venezuela, soy andino. De allí me vine y no pienso volver, menos después de la odisea para llegar a Caracas. Viaje desde San Cristóbal hasta Cúcuta, me embarque en el puerto de Villamizar sobre el río Zulia, navegue por el río Catatumbo, atravesé el Lago hasta Maracaibo donde solicité un pasaporte holandés, esperar la llegada de un barco europeo que me llevara a Curazao, navegar después rumbo a Puerto Cabello, de ahí a La Guaira y finalmente Caracas. Un andino más en la capital de la República.
Críspulo: Por cierto Telmo, por ahí, le escuchamos a unos compañeros estudiantes recitar un poema dedicado a ti.
Telmo: Seguro debe ser alguna burlita, ustedes no respetan la medicina empírica, la sabiduría de nuestra ciencia indígena. ¿Y qué dicen los versos?
Críspulo: Dicen: Yo vengo del Llano arriba.
De Guanare y Las Campanas,
Siguiendo al doctor Romero
Que viene silbando iguanas.
Telmo: Les juro, que pronto seré el doctor Romero.
Entran dos soldados a la tienda
Soldado Uno: ¿El señor Telmo Romero?
Telmo: Si soy yo para servirles. ¿Que se les ofrece?
Soldado Dos: Nos tiene usted que acompañar.
Soldado Uno: De inmediato.
Telmo: No entiendo, tengo todos mis papeles en regla, no he hecho nada malo.
Soldado Dos: Apúrese, no tenemos tiempo para perder.
Soldado Uno: Es urgente.
Telmo: ¿Qué pasa?
Soldado Dos: El Presidente quiere verlo.
Sale Telmo escoltado por los soldados.




La visita del doctor vaina.




(Vemos a Baldomera y a Casimira haciendo oficios hogareños, atareadas preparando la mesa para el almuerzo de los estudiantes de la pensión)




Baldomera: Están por llegar los estudiantes para el almuerzo, tenemos que apurarnos para organizar todo.
Casimira: Esta residencia de estudiantes me agota.
Baldomera: Casimira, hermanita,
Casimira: ¿Qué quieres Baldomera?
Baldomera: Ten cuidado por donde camina.
Casimira: Yo soy libre de caminar como me dé la gana, faltaba más.
Baldomera: Mira como tiene esa pierna de hinchada.
Casimira. Me resbale y me caí, a ti también te puede pasar.
Baldomera: Échate hojas de llantén, qué es bueno para eso.
Casimira: Llantén el que tú tienes últimamente, te la pasas llorando.
Baldomera: No me refiero a ese llantén, tú sabes a que me refiero.
Casimira: ¿De donde sacas que eso es bueno?
Baldomera: Me lo recomendó el hierbatero ese de Telmo.
Casimira: ¿Quién?
Baldomera: ¿Quien más Casimira?, Telmo Romero.
Casimira: Hasta cuando le haces caso a ese brujo.
Baldomera: La verdad es que nuestros padres te pusieron muy bien el nombre.
Casimira: ¿Por qué lo dices?
Baldomera: Porque tú no te fijas bien por donde vas, tú no ves completo, solo casi miras.
Casimira: No te burles Baldomera porque tu nombre no es muy bonito que se diga suena a bandolera.
Baldomera: Bandolera tu abuela, con perdón de ella, ya que también era mi abuela.
Casimira: Bueno disculpa.
Baldomera: Disculpa nada.
Casimira: Además chica, no sé si ponerme esas hojas de llantén.
Baldomera: ¿Por qué no sabes?
Casimira: ¿Y por qué tendría que saberlo?
Baldomera: ¿Si no lo sabes tú?
Casimira: No le tengo mucha confianza a ese Telmo
Baldomera: No se trata de tener confianza.
Casimira: No lo sé, pero bueno, me duele mucho, así que me las pondré, aunque sea por no dejar.
Baldomera: Dicen que es una lumbrera para curar el mal de ojo de los niños y las gusaneras de los toros. A Evaristo le curó unos sabañones.
Casimira: Ay que asco.
Baldomera: Unos sabañones que no se le quitaban con nada.
Casimira: Y lo que pica eso. A mí me pica también, pero otra cosa.
Baldomera: ¿De que estamos hablando?
Casimira: Disculpa.
Baldomera: Estaba desesperado con la picazón.
Casimira: ¿Quién?
Baldomera: ¿Quién mas? Evaristo.
Casimira: ¿Y entonces?
Baldomera: Entonces, Telmo le dio una agüita preparada y en dos días se le quitaron.
Casimira: ¿Qué se le quitó?, ¿La picazón o los sabañones?
Baldomera: Las dos cosas.
Casimira: No sé la verdad, tú sabes que Evaristo es muy hablachento. Además que un médico como él tenga que recurrir a un hierbatero como Telmo.
Baldomera: A él los consejos de Telmo le sirvieron.
Casimira: Estoy harta de consejos de pendejos.
Baldomera: Y yo estoy harta de estar harta. Por cierto no me gusta esa palabra pendejos, es muy fea, si supieras que significa, no la dirías.
Casimira: ¿Y qué significa?
Baldomera: Los pendejos son los pelos del culo.
Casimira: Entonces está bien empleada, ¿tu has visto algo más inútil, que eso?
Baldomera: La verdad tienes toda la razón.
Casimira: Esta bien, me pondré las hojas de llantén.
Baldomera: Últimamente te veo distraída.
Casimira: No es que casi mire por donde ando.
Baldomera: ¿Entonces que te pasa?
Casimira: Lo que pasa es que estoy muy preocupada.
Baldomera: ¿De que estas preocupada?
Casimira: Con esto de la revolución. Hasta el sólo pronunciar esa palabra hace que me duela la cabeza.
Baldomera: Qué revolución nada, aquí en este país lo que hay es una cambiadera de nombres pero en el fondo no cambia nada.
Casimira: Yo no podría hacer eso.
Baldomera: ¿Por qué no?
Casimira: Todas las pocas palabras que conozco están ya usadas.
Baldomera: Buena parte de las calamidades que ocurren sobre el planeta surgen de la dificultad que tenemos para escucharnos y entendernos.
Casimira: Nos dejamos engañar fácilmente por los picos de plata que son los políticos.
Baldomera: Simplemente nos creemos sus mentiras para defendernos del sufrimiento y de las frustraciones de la vida.
Casimira: Nos hacen creer que las cosas pueden cambiar.
Baldomera: Especialmente si por la boca disparan palabras.
Casimira: Las palabras pueden hacer tanto daño, no se dan cuenta de lo mucho que pueden herir las palabras.
Baldomera: Oírlos hablar, en largas peroratas, es algo a lo que nos entregamos fascinadas.
Casimira: Pero escuchar al otro con atención, siguiendo cada una de sus palabras, es algo para lo que no estamos naturalmente dispuestas.
(se escucha tocar la puerta)
Baldomera: Creo que están tocando la puerta.
Casimira: Debe ser el Doctor Vaina, (gritando hacia la puerta) ¿quien es?
Evaristo: Soy yo, Casimira.
(Casimira abre la puerta)

Casimira: Buenos Días, ¿Cómo le va, Evaristo?. Que bueno que vino nada puede ser mejor que la conversación con los amigos.
Evaristo: ¿Cómo está la vaina?
Casimira: Ya usted sabe, .más o menos.
Evaristo: Esta vaina de la revolución, nos está echando una gran vaina .
Baldomera: ¿Por qué Evaristo?
Evaristo: La vaina no esta nada bien,
Casimira: ¿Por qué lo dice?
Evaristo: ¿Como puede estar esta vaina?, si esos pedazos de vaina que gobiernan esta vaina nos han envainados a todos.
Casimira: Eso dice mucha gente. La misma cosa.
Baldomera: El quítate tú para ponerme yo.
Evaristo: Como estará la vaina que hasta esa vaina de Telmo Romero, que de vaina es un hierbatero más.
Baldomera: ¿Qué pasa con Telmo?
Evaristo: Resulta que se corrió el rumor que lo van a nombrar Director de hospitales de esta vaina.
Casimira: No lo puedo creer
Evaristo: ¿Qué les parece esa vaina?
Baldomera: La gente inventa mucho.
Casimira: No sé la verdad de todo eso, pero lo que si puedo decirles es que Telmo no es un hierbatero más.
Baldomera: De la categoría que se había ganado de brujo ha pasado a algo más científico.
Casimira: Sin estudiar ni nada resulta que es un gran médico.
Baldomera: Se ha ganado el respeto de mucha gente desde que publicó el libro ese de “El Bien General”.
Casimira: Por cierto, yo tengo el libro.
Evaristo: ¡Gran vaina!
Casimira: .Y me llamó la atención una receta para el mal del corazón, pero no consigo los ingredientes
Evaristo: ¿Qué vaina le hace falta?
Casimira: Tengo que leer la receta.
Evaristo: Lea esa vaina,
Casimira: (Buscando) Ya va, no recuerdo donde puse el libro, es que cuando una comienza a tratar de recordar, una cosa conduce a la otra.
Evaristo: Busque el libro para ver que vaina necesita para la receta y bueno saber que vaina puedo hacer por usted.
Casimira: Aquí está el libro, pero antes de leer la receta quiero preguntarle algo
Evaristo: ¿Qué vaina quiere preguntarme?
Casimira: ¿Donde puedo conseguir una danta?
Evaristo: ¿Para que vaina necesita ese bicho?
Casimira: Ya le explico...no mas bien le leo la receta (busca la página de la receta hasta que la encuentra y la lee en voz alta), escuche: “Tómese una pezuña de la mano izquierda de una Danta, tritúrese y redúzcase a polvos; colóquese enseguida en media botella de vino blanco, y de esto comenzará a tomar el primer día de la menguante de la luna, una onza diaria; operación que debe repetirse por espacio de tres menguantes y llevando además colgado al cuello tres pedacitos de la pezuña del mismo cuadrúpedo, con el cual se consigue curar radicalmente el mal del corazón, tan funesto para los que tiene la desgracia de padecerlo” .
Evaristo: ¡Que vaina!
Baldomera: De verdad.
Evaristo: ¿Como alguien que escribe esa vaina puede ser nombrado Director General de Hospitales?
Casimira: ¿Le parece? Bueno, usted debe saber de eso siendo médico.
Evaristo: Pobre de esos bichos, menos mal que son difíciles de encontrar esos animales en esta vaina sino ya habrían acabado con ellas.
Casimira: O por lo menos estarían todas mochas con eso de arrancarles una pezuña.
Evaristo: Además hay una vaina que no entiendo de toda esa vaina, ¿por que vaina la pezuña de la mano izquierda?
Casimira: ¿Por qué esa guarandinga?
Baldomera: Es algo inexplicable, pero eso no importa se hace con fe o no se hace. La fe con que se hagan las cosas ayuda mucho con la curación y la efectividad del remedio, todos los prodigios pueden ocurrir, esa es la única verdad.
Casimira: Aquí la única verdad es que si nombran a Telmo para ese puesto tan grande, en esta revolución que mientan, es simplemente porque al presidente le parece que Telmo es una gran lumbrera.
Baldomera: Así es, dicen que Telmo le curó la enfermedad que tenia el hijo del presidente
Casimira: Y eso tiene su merito ya que ningún médico lo pudo hacer y Telmo con sus remedios lo logró.
Evaristo: En esta vaina quien se arrima al poder tiene el paraíso asegurado, eso es todo.
Baldomera: El ilustre hijo de Parapara de Ortiz lo tiene como un sabio.
Casimira: Y Misia Jacinta ni se diga.
Evaristo: En esta vaina quien manda es ella.
Casimira: Después de curar milagrosamente al hijo de Crespo se convirtió en un fenómeno del que ahora todos hablan. Ya no le caben más medallas y condecoraciones en el pecho.
Baldomera: Claro solo mientras Crespo y Misia Jacinta tengan el coroto.
Casimira: Mientras Telmo tenga los favores del Presi, del ilustre héroe del Totumo y Caño Amarillo, nos conviene hablar bien de él y tenerlo como amigo.
Baldomera: Al que a buen árbol se arrima buena sombra lo cobija.
Casimira: Crespo le financió la publicación, oigan lo que dice al comienzo del recetario: "El Gobierno ilustrado y progresista del General Crespo ha sabido tender mano generosa á los desvelos gastados por Romero en la composición de su libro; lo cual nos hace pensar en todas las conquistas que debe esperar el país a la sombra de un Gobierno tan notablemente popular y alentador."
Evaristo: La consagración presidencial le otorgó a las recetas del curandero tachirense la condición de formulas infalibles para remediar todos los males y buscar el bien general. ¡Que vaina!
Casimira: ¡Coño! ya esta bien de tanta vaina.
Evaristo: ¿Cómo es la vaina? está bien, me voy con mi vaina a otra parte.




Salón Elíptico




Vemos al presidente Crespo con su gabinete recibiendo a los leprosos curados por Telmo Romero con un discurso.




Crespo: Hoy la ciencia crespista se enfrenta y sale vencedora ganándole a la falsa sabiduría de la ciencia de los imperios del extranjero y sus rancias mentiras. En nombre de la Republica es para mi un honor supremo el manifestar nuestro eterno agradecimiento a nuestro ilustrísimo y lleno de la infinita sabiduría que nuestra tierra encierra, me refiero a nuestro admirado Telmo Romero depositario de saberes casi sagrados. A través de él también queremos honrar a nuestros indígenas de los cuales tenemos aún mucho que aprender para el desarrollo de nuestra propia ciencia médica. Estos compatriotas, hasta hoy desgraciados ciudadanos apartados del mundo y de toda la felicidad posible que nuestra patria podía darles, se reencuentran hoy con nosotros y la patria los acoge en su seno con el infinito amor que ella puede darles, sólo el amor está en el fondo de esta acción transformadora. Acérquense la pequeña delegación de curados que queremos abrazarlos en representación de las decenas de infelices que gracias a nuestro sabio Telmo Romero vuelven a sonreír a la vida. Entran como peces llenos de ilusión a nadar en el mar de felicidad que nos rodea.




Los curados se acercan uno y uno y son abrazados por el presidente.




Protesta estudiantil en la Universidad Central de Venezuela




Vemos a un grupo de estudiantes delante de una estatua de José Maria Vargas, gritando consignas alrededor de una fogata alimentada con el fuego de unos libros.




Venancio: Crispulo tenemos que hacer algo más fuerte que el quemar unos cuantos ejemplares del librito ridículo ese, ¿Cómo es que se llama?
Crispulo: Nada menos que “El Bien General”
Venancio: Teníamos que quemar ese bodrio debajo de la estatua de José María Vargas en esta Universidad. La incineración de ese panfleto es una justa protesta, un sencillo auto de fe.
Críspulo: La verdad no me gusta la idea de quemar un libro, quien es capaz de quemar un libro es también capaz de quemar a su prójimo.
Venancio: Pero Telmo no nos deja otra salida. Tenemos que terminar con la teoría télmica de la medicina.
Crispulo: Así es Venancio, lo hacemos como desagravio al ilustre José Maria.
Venancio: El pobre doctor Vargas debe estar revolviéndose en su tumba, por el agravio inferido por Telmo a la ciencia médica.
Crìspulo: Venancio, tenemos que ser más contundente no podemos permitir que Telmo Romero sea nombrado rector de la Universidad Central de Venezuela. Nuestro gremio estudiantil siempre ha tenido la intuición de la verdad y la justicia.
Venancio: Bueno eso pasa por nosotros ser tan apáticos.

Crispulo: ¿A que te refieres Venancio?

Venancio: Todo lo que está pasando es por permitir en la Universidad gente tan mediocre como el profesor Navarrete.

Crìspulo: Que es bien bruto.

Venancio: Lleva años tratando de terminar su tesis y el bestia no puede ni comenzarla.

Crispulo: Y tiene el descaro de querer ser tutor de las tesis de los demás.

Venancio: A ese Navarrete el titulo de profesor le queda muy grande.

Crispulo: Ese tipo es un mediocre.

Venancio: La mediocridad es una enfermedad sin dolores, sin apenas síntomas visibles para quien la padece.

Crispulo: El que la padece parece, sino feliz, al menos tranquilo, estúpidamente tranquilo.

Venancio: Pero con su complacencia por una vida arrastrada y vulgar puede hacer mucho daño a los demás.

Crispulo: Sobre todo en este caso del profesor Navarrete a sus alumnos.

Venancio: Le resulta difícil darse cuenta de que consume tontamente su existencia.

Crispulo: Y que no contribuye para nada en ser útil a los demás.

Venancio: Por esas cosas, es que algunos piensan que el presidente quiera nombrar a un brujo como rector no tiene nada de raro.

Críspulo: Que barbaridad el Telmo ese se fue a Norteamérica con el beneplácito del presidente Crespo.

Venancio: Y que para llevar hasta allá sus conocimientos y vender sus productos milagrosos con los cuales y que curaba desde sífilis hasta el "vómito de sangre".

Críspulo: Si y después de unas pocas semanas regresa con el título de "Doctor en Ciencias Médicas" conferido por el Colegio Médico de Boston.

Venancio: Lo que hace el poder.

Crispulo: Nuestros padres deberían mandarnos para el Norte.

Venancio: Nos ahorraríamos unos cuantos años de estudio y sacrificios.

Crispulo: Y de tener que soportar que nos dé clases gentecita como el profesor Navarrete.

Venancio: Especialmente el tener que soportar su arbitrariedad.

Crìspulo: Si, y que nos pida ciertos favores a cuenta de una buena nota.

Venancio: Deja a esa profesor en paz, no merece ni que hablemos de él.

Crispulo: Tienes razón, por ahora tenemos que concentrarnos en Telmo.

Venancio: Nosotros como representantes estudiantiles tenemos que hacer algo y pronto.

Crìspulo: Tenemos que hacer un gran escándalo para evitar su nombramiento como rector.

Venancio: Esta bien, déjame pensar, ¿qué se te ocurre?

Crìspulo: Tenemos que lograr una manifestación numerosa de estudiantes y llegar hasta la Botica Indiana donde vende sus remedios y quemársela.

Venancio: Eso es, tenemos que darle donde más le duele.

Crìspulo: Lo que más rabia me da es que uno no pueda ni tocarse en paz.

Venancio: ¿Cómo es eso?

Crìspulo: ¿No te has enterado?

Venancio: ¿De qué?

Crìspulo: Al Telmo ese le ha dado por decir que el futuro venezolano está amenazado por una vergonzosa polilla que extenúa el cuerpo social y le roba la savia de su vida a la juventud.

Venancio: ¿Y que pasa con esa polilla?

Crìspulo: Dice él que es la causante del onanismo,

Venancio: ¿Del onanismo?

Crìspulo: Sí, y que eso se convertirá en el gran peligro nacional.

Venancio: Por cierto el profesor Navarrete anda con un enano.

Crispulo: Con él nunca va a salir de abajo.

Venancio: ¿Y que es eso del enanismo?, ¿que pasa con los pobres enanos?

Crìspulo: Enanismo no, ¡bruto!, onanismo.

Venancio: ¿Y qué es eso?

Crìspulo: Nada menos que hacerse la paja.

Venancio: (Furioso) Eso si que no podemos permitirlo.

Crispulo: Hasta eso nos lo quieren quitar.

Venancio: Esa vaina no, a luchar compañero.

Crìspulo y Venancio: (al unísono repiten varias veces la frase).

El pueblo unido jamás será vencido.

En el Cementerio.




Frente a una tumba a Casimira y Baldomera vestidas de negro con unos rosarios en las manos, están rezando.




Casimira y Baldomera: (rezan en voz alta, repitiendo varias veces la oración)
San Benito de Monte Tabor
Que cuidas mi casa y alrededor
De brujos, hechiceros y de hombre malhechor
Hoy día de la Virgen y mañana del Señor.




Casimira: No abras la herida que ya cicatrizó, no empieces a sufrir un ataque de recuerdos.
Baldomera: Es que se me revivieron todos los dolores del pasado.
Casimira: El pasado quedó atrás lo importante es el presente, el futuro no se sabe.
Baldomera: No consigo ver la palabra justa para describir lo que siento.
Casimira: Las cosas más importantes no se ven pero se sienten.
Baldomera: No sé que decirte.
Casimira: Pues no me lo digas.
Baldomera: No es eso lo que quería decirte.
Casimira: No me digas nada.
Baldomera: Lo que te decía es que no puedo resignarme a mi presente.
Casimira: Pues tampoco te aferres al pasado con sus recuerdos tristes.
Baldomera: Eso es fácil de decir.
Casimira: Fácil no es. Aunque tampoco difícil... sino todo lo contrario.
Baldomera: Quisiera borrar sus recuerdos que nunca me dejan en paz.
Casimira: No hay cosa en el mundo que el tiempo no borre.
Baldomera: Eso es lo que tú dices.
Casimira: No lo digo yo solamente, lo dice todo el mundo.
Baldomera: Si lo dice todo el mundo entonces es como si no lo dijera nadie.
Casimira: Esta bien, entonces lo digo yo.
Baldomera: El tiempo pasa y los recuerdos quedan.
Casimira: Yo también recuerdo mucho a mi ciego.
Baldomera: Por lo menos Telmo lo curó.
Casimira: Por eso lo odio tanto a ese Telmo, al recuperar la vista y verme, voló de mi lado, me lo hubiera dejado ciego.
Baldomera: Es tan difícil llenar el vacío dejado por los vínculos ausentes.
Casimira: Lo que pasó, pasó.
Baldomera: El olvido me da mucho miedo.
Casimira: Te da miedo porque lo relaciona con la muerte.
Baldomera: No hables de la pelona, no hables de eso.
Casimira: Simplemente deja de pensar en tu loco.
Baldomera: ¿Cómo hacerlo?
Casimira: Sin olvidarlo de un todo.
Baldomera: No te entiendo.
Casimira: Después de todo el olvido es una ilusión quizás inalcanzable.
Baldomera: Me gustaría olvidar hasta mi deseo de olvidarlo.
Casimira: Creo que escuche a Telmo hablar de una flor mágica del olvido o lo leí en algún sitio, no recuerdo bien.
Baldomera: ¿Se te olvidó?
Casimira: Se me olvidó, a mi que nada se me olvida.
Baldomera: ¿Qué se te olvidó?
Casimira: No recuerdo, el caso es que esa flor hace olvidar a quienes la prueban toda su vida anterior.
Baldomera: Ojala no lo hubiera conocido nunca.
Casimira: ¿A quien te refieres?
Baldomera: ¿A Quien más, pues?
Casimira: ¿A Telmo?
Baldomera: Me refiero a mi loquito.
Casimira: No hubieras conocido el amor.
Baldomera: A veces me pregunto ¿qué es la locura?, ¿acaso no estamos todos un poco locos?
Casimira: Yo soy adicta a la lucidez, trato de no volverme loca, de tener los cinco sentidos alerta sin nada que los nuble.
Baldomera: Dices eso porque es a lo que más le temes.
Casimira: Sabes que es un mal de familia, sin raíces no crecen los árboles, por nuestras raíces circulan las taras familiares.
Baldomera: Después de todo tenemos que estar un poco locos para podernos adaptar a esta loquetera que es el mundo de afuera.
Casimira: ¿Acaso no hay gobernantes que dentro de sus propios países fomentan la locura de la gente?
Baldomera: (llorando) Si tu lo dices.
Casimira: Yo no sé que es exactamente la locura pero he tenido que lidiar con ella porque tu sabes que nos ha golpeado de cerca.
Baldomera: (llorando) Yo la siento como un lugar donde estamos solos con nosotros mismos y donde las palabras que te permiten comunicarte con las demás personas están como en otro idioma.
Casimira: Quizás sea así, como si empezáramos a hablarnos en una lengua secreta solo por nosotras conocida.
Baldomera: La verdad, no lo sé.
Casimira: Si no lo sabes ¿entonces por qué lo dices?
Baldomera: Porque algo hay que decir.
Casimira: ¿Hay que estar loco para saber qué es la locura?
Baldomera: ¿Quiénes son locos?
Casimira: ¿Los que quieren curarse?
Baldomera: ¿O los que quieren vivir en la locura?, (llorando) ¿en cual caso estaría mi esposito?
Casimira: Yo creía que ya estabas curada de su recuerdo.
Baldomera: No se me va su imagen de mi cabeza, es como si mirara sus ojos sonreírme por primera vez, me sonríe a través de las lagrimas.
Casimira: Lo tuyo no es más que una negativa a reconocer los hechos. un seguir aferrada a una endeble tabla de salvación para la soledad.
Baldomera: Si hoy me caigo, mañana me levanto.
Casimira: Pues levántate y anda, como le dijo Cristo a Lázaro.
Baldomera: Partió repleto de sueños locos.
Casimira: Pero sueños al fin y al cabo. Una pareja se crea a partir de un sueño.
Baldomera: No lo sé, no estoy segura de eso.
Casimira: ¿A que te refieres?
Baldomera: Si los hombres no se dan cuenta de lo que hacen despiertos menos se van a dar cuenta de lo que hacen en sus sueños.
Casimira: Si tú lo dices, por cierto Telmo le contó a Evaristo que en una de las tribus de la Guajira donde aprendió sus remedios, no se dan los buenos días cuando se despiertan, sino que se preguntan mutuamente: ¿Kasaa pulapuinka?
Baldomera: ¿Y que es eso, un conjuro?, ¿que significan esas palabras tan raras?
Casimira: Significan: "¿qué soñaste?”
Baldomera: Yo no podría contestar, ya no tengo ningún sueño. Lo mío es como si me hubiera tocado una especie de destino macabro, fue como una noche sin estrellas, recuerdo que la última vez que lo vi, hasta las nubes parecían de luto.
Casimira: No soy racista pero las nubes negras siempre son un mal presagio.
Baldomera: Mal presagio fue un sueño que tuve.
Casimira: ¿Lo recuerdas? Pienso que soñamos para olvidar.
Baldomera: Aún despierta recuerdo todo, como si estuviera todavía dentro del sueño.
Casimira: ¿Cómo fue eso?
Baldomera: Fue un sueño premonitorio.
Casimira: ¿Qué soñaste?
Baldomera: Tuve un sueño donde mi loquito caminaba detrás de mí.... por un pequeño túnel de claridad.
Casimira: ¿Y entonces?
Baldomera: Entonces me di la vuelta para verlo y vi como se desvanecía hasta desaparecer en el mundo de los muertos, lo había perdido para siempre, la noche eterna se había apoderado de él, el túnel se había cerrado.
Casimira: Mira, se me pone la carne de gallina.
Baldomera: Un poco más y te salen plumas.
Casimira: Muy graciosa.
Baldomera: En esa oportunidad, la ultima, lo observe haciéndole frente a una especie de vacío que probablemente nadie podía definir, como enfrentándose al mundo sin esperanza.
Casimira: Se ponía a mirar con ojitos asustados al visitante.
Baldomera: Como mirando sin mirar.
Casimira: Yo cuando comienzo algo lo termino, nunca podría mirar sin terminar de hacerlo.
Baldomera: No todo el mundo es igual.
Casimira: Recuerdo que una vez me ocurrió algo parecido, me quede en blanco.
Baldomera: Malo es cuando uno lo ve todo negro.
Casimira: No seas racista.
Baldomera: Nos abrazamos desde un lejano deseo de llorar.... permanecimos en silencio, aquel momento nos perteneció durante horas.... hasta que me liberé de su abrazo.
Casimira: No se puede cambiar el ayer, Baldomera.
Baldomera: Lo único permanente es el cambio.
Casimira: Pero no del pasado.
Baldomera: A veces el pasado me viene a la memoria de diversas maneras.
Casimira: Objetivamente debería haber una sola versión del pasado. ¿Es mentira o es verdad?
Baldomera: Si la mentira nos hace sumergirnos en un mundo mejor, bienvenida sea.
Casimira: No pienso lo mismo, eso no es más que hacer como el avestruz que entierra la cabeza para no ver a su alrededor.
Baldomera: Lo insegura que nos sentimos sobre el futuro explica que miremos hacia atrás para ver si encontramos un terreno más seguro en que apoyarnos.
Casimira: No sigas llorando por tu esposo.
Baldomera: ¿Y por quien voy a llorar?
Casimira: En realidad no deberíamos llorar por nadie.
Baldomera: Déjame llorar... ¡no te das cuenta que esto ocurre sólo una vez en la vida? la gente se muere una sola vez, para algo creó Dios las lagrimas.
Casimira: Las decisiones de Dios son inexplicables.
Baldomera: Me estas mareando con esa marea de palabras.
Casimira: Además tu esposo, el pobre ya descansó de sufrir con su locura.
Baldomera: Locura la de Telmo que lo mató con su tratamiento desquiciado.
Casimira: Esa es la única verdad de todo esto.
Baldomera: A quien se le ocurre nombrar a Telmo, Director del Asilo Nacional de Enajenados Mentales de Los Teques.
Casimira: A quien más pues, al que todo lo puede en este país, al presidente.
Baldomera: Ese tratamiento era demasiado cruel.
Casimira: Los pobres locos daban alaridos infernales cada vez que se lo aplicaban.
Baldomera: Pobrecito mi esposito. El alarido de los pacientes cortaba la noche cuando Telmo o sus ayudantes hundían hierros al rojo vivo en las cabezas de los desventurados.
Casimira: Se me eriza la piel solo de pensar en lo que le hacían.
Baldomera: A mi se me paran todos los pelos del cuerpo.
Casimira: ¿Incluso aquellos?
Baldomera: Incluso.
Casimira: ¡Qué descaro!, que hasta nos pidieran las herramientas para el tratamiento.
Baldomera: Como quien pide que le compren al paciente unas pastillas. Pedir unos clavos y un martillo
Casimira: ¿quién se lo iba a imaginar?
Baldomera: Estamos en unos tiempos verdaderamente terroríficos.
Casimira: Cada vez es mas difícil encontrar hombres, lo que abundan son las bestias.
Baldomera: Clavetear una y otra vez con clavos encendidos al rojo vivo las cabezas de los indefensos enfermos para ver si reaccionaban fue demasiado loco.
Casimira: Yo me pregunto ¿cuales eran más locos, los enfermos o los que los querían curar?
Baldomera: Pobre esposito cuando nos lo entregaron todavía tenía un clavo de acero atravesándole el cráneo.
Casimira: Te lo dieron como diciendo “agarra tu loco muerto”.
Baldomera: Hasta muerto conservaba cierta dignidad.... la conservó hasta l a ultima batalla de su vida.
Casimira: No podemos hacer más nada, ya esta muerto y enterrado, ahora regresemos a la casa. Todos regresamos como sombras.
Baldomera: ¿Qué mas podemos hacer?, vámonos, todo estará bien, al final, solo te tienes a ti misma.
Casimira: Después de todo, más vale sola que mal acompañada.
(Salen de escena)




Revuelta frente a la Botica Indiana




Aparecen Venancio y Críspulo corriendo y cansados con unas antorchas encendidas en sus manos.




Críspulo: Ahora si es verdad que recibió su merecido, no estoy de acuerdo con la violencia pero que le quemáramos la Botica a ese Telmo era lo que había que hacer, se lo había buscado.
Venancio: No lo hicimos solamente nosotros dos, fue el pueblo unido que jamás será vencido.
Crispulo: Si los que tienen que hacerlo no lo hacen, el pueblo tarde o temprano toma la justicia en sus manos.
Venancio: Te diste cuenta que la señora Casimira y la Señora Baldomera, también estaban entre la gente que protestaban.
Crìspulo: Estaban mas contentas que niño con juguete nuevo.
Venancio: Ojala los nuevos gobernantes sean más serios.
Crìspulo: No confíes mucho en eso, esperemos un poco para verlo.
Venancio: ¡ Escoba nueva barre bien los primeros días!.
Críspulo: Aquí lo que hace falta es refundar la Republica con nuevas ideas, nuevos nombres, con gente nueva.
Venancio: Ojala todo fuera tan fácil.
Críspulo: Por cierto el mediocre del profesor Navarrete está desaparecido.
Venancio: Siempre ha estado medio desaparecido.
Críspulo: ¿Tú sabes como le dicen?
Venancio: ¿Cómo?
Críspulo: La regla.
Venancio: ¿Y por qué?
Críspulo: Aparecía para dar clase cada 28 días como la regla.
Venancio: Tu debes estar en la Academia Venezolana de la Lengua, tienes una bien venenosa.
Críspulo: Tú no te quedas atrás.
Venancio: De verdad no sabes que le pasó al profesor Navarrete.
Críspulo: No, no lo sé.
Venancio: Resulta que las nuevas autoridades lo expulsaron por mediocre de la Universidad, terminó de aprendiz de brujo con Telmo Romero, empezó a experimentar sus mejumbres con el pobre enano que tenia de ayudante.
Críspulo: ¿Y entonces?
Venancio: El enano lo mató.
Críspulo: Bien hecho, otro que recibió su medicina.
Venancio: Apareció flotando en el río Guaire, en su propia salsa.
Críspulo: Olvidémonos de ese pobre tipo, no merece ni el recuerdo.
Venancio: Tienes razón, ahora lo que tenemos que celebrar es la caída de Telmo.
Críspulo: Por lo menos podemos tocarnos tranquilo, sin que ningún brujo desquiciado nos arruine la fiesta.
Venancio: Así es, arriba el onanismo.
Crìspulo: Arriba.
Venancio: Por cierto ¿Que será de la vida del enano?.
Crìspulo: Olvídalo.




El Derrumbe




Aparece Telmo y Evaristo sentados frente a una mesa contemplando las velas de un candelabro.
Telmo: La llama de las velas nos convoca a los sueños de la memoria, nos trae imágenes de noches lejanas.
Evaristo: ¡Que vaina!, a usted lo envainaron, la gente es mal agradecida.
Telmo: La sabiduría del Piache Chupachire fue una débil luz con la cual traté de enfrentar las tinieblas del sufrimiento humano.
Evaristo: Tremenda vaina, le echaron compañero.
Telmo: Estoy acostumbrado a que se aparten cuando tengo un tropiezo y mi vida se derrumba, el movimiento de las llamas de esas velas me trajo a la memoria el abandono que sufrí de mi primer amor.
Evaristo: ¿Cómo fue esa vaina?
Telmo: Recuerdo a mi enamorada con una tez de raso, cuerpo de palma cimbreante, con una blancura que resaltaba el rumor de las mejillas, la sonrisa al mismo tiempo infantil y severa, dientes como grumos de nieve, trenzada cabellera de virgen plácida.
Evaristo: ¿Y cual fue la vaina por la que lo abandonó ese prodigio que le doblegó el corazón?
Telmo: Pedida ya su mano y a mi concedida, las fiebres del Casanare me postraron y tuve que ausentarme.
Evaristo: Cuénteme como sigue la vaina.
Telmo: Durante mi ausencia su corazón cedió ante otro pretendiente, la amada infiel desapareció de su casa.
Evaristo: Esas vainas pasan Telmo, pero lo de ahora es otra vaina.
Telmo: Es lo mismo Evaristo cuando uno está en la cima de la montaña todos son tus amigos pero cuando te derrumbas todos se apartan.
Evaristo. Una de las vainas fundamentales de los que tratamos de curar a los otros es el sacrosanto precepto hipocrático: “ayudar o al menos no hacer daño”, al pobre esposo de Baldomera lo mataste, con el tratamiento. Convertiste el Manicomio de Los Teques en un jardín chino de suplicios.
Telmo: Se hizo todo lo posible, a veces alguien tiene que morir para que avance el conocimiento.
Evaristo: La gente dice por ahí, que te la das de gran vaina, que te las echas de gran médico sin serlo, que es mentira que curas a los locos y a los leprosos, dizque alcanzaste poder de un día para otro por los favores del presidente y de Misia Jacinta, que contrabandeas los productos que luego ofreces en tu botica, dizque ejerces ilegalmente la medicina en dos hospitales y manejas la provisión farmacológica de cuatro establecimientos más y para colmo, que eres colombiano, ¡que vaina la gente!
Telmo: No soy colombiano, nací en San Antonio del Táchira. Y las curaciones de los enfermos están certificadas en constancias escritas por ilustres y reconocidos médicos profesores de la Universidad. Todos esos médicos titulares certificaron la eficacia de mis procedimientos.
Evaristo: Si recuerdo el informe que hicieron al ver a los pacientes, fue publicado en la Gaceta Oficial, dejaba sin ninguna duda, constancia que estaban curados
Telmo: Por cierto tú fuiste uno de los que posteriormente certificaron otras curaciones
Evaristo: Tú sabes porqué lo hice, dicen que si no fuera por la plata que te ganaste con los jugosos contratos no hubieran aparecidos como curados.
Telmo: Todo fue bajo las leyes, tenía entregados al gobierno setenta y seis individuos curados radicalmente con mi tratamiento especial.
Evaristo: Dizque te haces llamar doctor sin serlo.
Telmo: Tú sabes bien que los hombres de ciencia más competentes de los Estados Unidos, como lo son los que componen el Colegio Médico de Belle Vue en Boston, conocieron mis remedios y procedimientos y me premiaron con el Título de Doctor en Ciencias Médicas.
Evaristo: Dizque sólo te interesan los reales. Dicen que lo de la Botica Indiana, no es más que puro comercio, el puerto seguro de las ganancias políticas.
Telmo: Mi interés era corresponder a la confianza que en mí había depositado el Gobierno, proporcionando todo género de alivios a esos desgraciados que sufren tan horribles padecimientos, teniendo que vivir separados por completo del resto de los hombres como marcados por el dedo inexorable de la providencia.
Evaristo: La gente dice que entre las vainas más malas del gobierno de Crespo están: la ruina agrícola por la aparición de la langosta, la caída del precio del café y la falsa ciencia del embaucador y loquero Telmo Romero.
Telmo: Nunca embauqué a nadie, del árbol caído todos hacen leña. Es injusto que mi pecho relumbrante de condecoraciones ahora solo reciba el desprecio de la gente. No soy ningún engañador de ferias ni un simple “curioso” de aldea, sólo me proclamo con mucho orgullo como un humilde mensajero de nuestra ciencia indígena.
Evaristo: En esta vaina sólo pueden haber brillos intermitentes nadie brilla para siempre.
Telmo: Como las llamas de esas velas, brillamos y nos apagamos. Quizás eso fue lo que me pasó.
Evaristo: ¿Qué vaina quieres decir, con eso?
Telmo: En el estudio frenológico que me hice en Nueva York con el profesor Sizer me decía que cuando como en mi caso el cerebro es más grande en proporción al tamaño del cuerpo se asemeja a una lámpara con una mecha muy grande que consume el aceite más rápido de lo que debe y al fin acaba por quemar la mecha.
Evaristo: Como dice la vaina esa del dicho popular: adiós luz que te apagaste.
Telmo: Algo así, otro dicho dice: el último que apague la luz. Me voy a descansar, estoy demasiado cansado, por favor Evaristo apague las velas antes de irse.




El Matarile




Casimira: Ese Telmo traicionó todas las esperanzas que la gente depositó en él.
Baldomera: Todo ser humano es un traidor en potencia.
Casimira: ¿Como le dieron tanto poder al bendito Telmo?, la verdad no me lo explico.
Baldomera: ¿Te acuerdas cuando le encomendaron la dirección del Hospital de Lazaros de Caracas?
Casimira: Claro que me acuerdo.
Baldomera: No entiendo como al presidente no le dio vergüenza cuando inventó que había curado unos cuantos leprosos.
Casimira: Hay gente que esta mas allá del bien y del mal.
Baldomera: El presidente en este país es el dueño de todo.
Casimira: En sus manos esta todo lo que se puede repartir
Baldomera: Y con eso se gana la total obediencia.
Casimira: Me acuerdo clarito cuando Romero inventó que había curado a unos leprosos y otros cuantos locos, y organizó un gran evento que consistía en recibir a los falsos curados en el Salón Elíptico, el más alto de la República, con el presidente Crespo y su gabinete.
Baldomera: Es que para ser presidente es necesario no tener sentido del ridículo.
Casimira: Dicen que tenía un contrato con la Gobernación y que por cada loco o leproso y que curaba le daban un realero.
Baldomera: Y después dicen que esto es una revolución.
Casimira: En muchas ocasiones preferimos una mentira hermosa que una verdad lastimosa.
Baldomera: Siempre hay una verdad detrás de las mentiras.
Casimira: Pero ¿Quién se atreve a buscar la verdad de las mentiras?
Baldomera: Se puede mentir una, dos, tres veces, pero a la cuarta se empieza a ver las costuras y la supuesta verdad se convierte en lo que siempre fue una gran mentira, las únicas personas que pueden mostrar como se hacen las cosas son las que no pueden hacerlas.
Casimira: No sabes cuanto me alegro de que al caer Crespo le hayan quitado todo a ese brujo y se acabara todo eso.
Baldomera: No tuve que llegar al final de mi viaje en esta vida para ver la justicia divina.
Casimira: A cada cochino le llega su sábado.
Baldomera: Le quemaron la Botica Indiana, lo ridiculizaron.
Casimira: Todo el mundo salió a la calle a festejar, de ser el sabio del régimen pasó a ser la burla de los muchachos en la calle.
Baldomera: De alguna manera sé que estamos atados a nuestros enemigos y que ellos tampoco pueden escapar de nosotros.
Casimira: La gente se le apartaba como a los leprosos.
Baldomera: Los locos a los que martirizó deben estar en paz.
Casimira: Murió abandonado por todos, algunos dicen que de la tristeza, no solamente por la tuberculosis.
Baldomera: Quien a hierro mata, no puede esperar morir a sombrerazos.
Casimira: De cualquier modo sus supuestos remedios milagrosos no pudieron salvarlo, esperemos que la gente se dé cuenta y no vuelva a caerse en este tipo de cosas, aunque eso es imposible... después de todo, el futuro es un constante repetir el pasado.
Baldomera: Como ha pasado y seguirá pasando aquí en Venezuela, tenemos que aprender la lección de que perdida la gracia del presidente, el loco vuelve a ser loco y el leproso, vuelve a ser leproso.
Casimira: Es una costumbre nacional, pero una logra con el tiempo lo que quiere lograr.
Baldomera: A veces solo tiene una que sentarse en la puerta de la casa a esperar que pase el cadáver de tu enemigo.
Casimira: Es un sentimiento poco cristiano pero me hubiera gustado matarlo, con mis propias manos. (Se escucha una canción infantil, que unos niños bailan en la calle, Casimira los ve por la ventana). Mira a esos niños en la calle Baldomera.
Baldomera: (viendo también por la ventana) A mí también me hubiera gustado darle matarile a ese Telmo.
Casimira: Vamos a darle matarile.
Suena la canción “¿Dónde están las llaves? se agarran de las manos y bailan contentas las dos, hasta que bajan las luces y termina poco a poco de sonar la música.


Yo tengo un castillo,matarile-rile-rile,yo tengo un castillo,matarile-rile-ron,
¿Dónde están las llaves?matarile-rile-rile,¿dónde están las llaves?matarile-rile-ron,
En el fondo del mar,matarile-rile-rile,en el fondo del mar,matarile-rile-ron,
¿Quién irá a buscarlas?matarile-rile-rile,¿quién irá a buscarlas?matarile-rile-ron,

FIN