
Personajes:
María
Caín
Un pedazo de Cristo.
María
Caín
Un pedazo de Cristo.
Vemos el escenario lleno de restos de árboles quemados, maletas rotas con su contenido disperso por todos lados. Maria se encuentra frente a una fogata improvisada tratando de cocinar un trozo de carne, a su lado se encuentra su hijo Caín. Los dos están en estado lamentable, sucios, con las ropas destrozadas y con sangre sobre sus rostros productos de heridas no cicatrizadas. Maria tiene un vendaje improvisado que le cubre un ojo. El fondo del escenario está constituido por una pantalla donde se proyectarán imágenes fijas o en movimiento. Aparecerán en forma aleatoria imágenes, tales como: El cuadro “La invención de la pintura” de Eduard Duege, las del atentado a las Torres Gemelas, de campos de concentración, de ratas urbanas, de niños buscando en basureros, de Nosferatu el vampiro, de Cristo crucificado y de la Piedad de Miguel Angel. Se escucha de fondo unos cantos gregorianos.
Caín con un trapo le limpia a Maria la sangre del rostro.
Caín: La herida te sigue sangrando.
Maria: Ya ni la siento correr:
Caín: Déjame limpiártela.
Maria: No importa ¿Para qué?
Caín: Para que no veas la luz sangrienta.
Maria: La sangre siempre está esperando una oportunidad para derramarse.
Caín: Tienes mejor la herida.
Maria: La primera noche no veía mayor problema.
Caín: ¿Por qué?
Maria: Porque siempre pensé que seriamos rescatados.
Caín: Hay que seguir pensándolo.
Maria. Han pasado varios días…
Caín: Y no ha aparecido nadie.
Maria: Es posible que hayan dejado de buscarnos.
Caín: ¡Qué! ¿Nos vamos?
Maria: Sí, vámonos.
Caín: No llegaríamos muy lejos.
Maria: ¡Qué! ¿Nos quedamos?
Caín: Sí, quedémonos.
Maria: Ya me siento un poco mejor.
Caín: ¿Seguro?
Maria: Sí.
Caín: ¿No me lo dices para tranquilizarme?
Maria: No, no te preocupes, estoy bien.
Caín: Es un milagro que estemos vivos.
Maria: No sé por cuanto tiempo.
Caín: Tienes que tener fe. En algún momento nos rescatarán
Maria: Todo es cuestión de tiempo.
Caín: La vida pasa muy rápido.
Maria: ¿Cómo?
Caín: No, nada, decía que la vida pasa quizás demasiado rápido.
Maria: Y la muerte lenta, se va quedando.
Caín: Aquí o en otro lugar en cualquier momento nos visitará para quedarse definitivamente con nosotros.
Maria: Vivir es un viaje incomprensible hacia la muerte.
Caín: La gente no debería celebrar los cumpleaños.
Maria: Es verdad, es un año menos.
Caín: La vida en estas circunstancias rueda por una profunda pendiente.
Maria: Así es…
Caín: Donde reina la oscuridad, en un fondo de infinito y nada.
Maria: Hoy amanecí sintiéndome mas vieja que nunca, como si tuviera el doble de años.
Caín: No podemos darnos el lujo de deprimirnos Hay que sobreponerse. Tenemos que construirnos un futuro para derrotar la angustia de este presente.
Maria: Mejor pensamos en que nos rescatan o cualquier cosa que nos reconforte. Aunque sea una desolada negación de la realidad.
Caín: Quisiera que esas maletas cobraran vida como tocadas por una fuerza mágica y con ellas salir de este lugar.
Maria: Las cosas son lo que son. Aunque algunas sueñen con ser otra cosa.
Caín: Las cosas pueden llegar a ser otras cosas.
Maria: ¿Qué quieres decir?
Caín: Las cosas se valoran cuando se pierden
Maria: En esta noche cerrada adonde no llega ni el sonido de los grillos, es que una aprecia el valor de las cosas más sencillas. Desde esta situación en que nos encontramos es que se puede ver lo extraordinario de las cosas cotidianas.
Caín: Cuanto no daríamos por un plato caliente, un vaso con agua fresca de una nevera, una cama blanda, el cariño de una mascota.
Maria: ¿Sabes? Hecho de menos la telenovela que estaba viendo.
Caín: En realidad necesitamos tan poco para ser feliz.
Maria: Sólo basta el goce cotidiano.
Caín: Y nos quejamos tanto por cosas que desde aquí descubrimos que no valen nada.
Maria: Si logramos salir de este lugar veremos el mundo de otra manera.
Caín: Quizás dejemos de pensar como siempre que la vida está en otra parte.
Maria: “El mundo es y será una porquería, ya lo sé”, dice la letra de un tango.
Caín: Pero con todo lo desagradable que a veces puede ser la vida, muy pocos queremos dejar de vivir,
Maria. Es posible que hayan dejado de buscarnos.
Caín: ¡Qué! ¿Nos vamos?
Maria: Sí, vámonos.
Caín: No llegaríamos muy lejos.
Maria: ¡Qué! ¿Nos quedamos?
Caín: Sí, quedémonos.
Maria: ¿Hace frío, verdad?
Caín: Yo tengo calor.
Maria: Mmmm…
Caín: ¿Qué?
Maria: ¿Cómo?
Caín: Ah, no nada, creía que me decías algo.
Maria: Ah, eso creía.
Caín: Aja.
Maria: No, nada.
Caín: Ah.
Caín señala hacia un lugar en el suelo.
Caín: ¿Puedes ver esa fila de puntos negros que se mueven en el suelo?
Maria: Si, son hormigas.
Caín: Dicen que las hormigas viajan de noche.
Maria: Ojala pudiéramos irnos con ellas.
Caín: Dicen que pueden llevar una carga de veinte veces su propio peso.
Maria: No creo que puedan con nosotros. Además una sola picada puede matarme, sabes que soy alérgica.
Caín: Ojala fuéramos como esas hormigas o las abejas.
Maria: ¿Por qué lo dices?
Caín: Las hormigas y las abejas no tienen problemas sociales.
Maria: Es cierto, cada quien sabe y acepta el lugar que le corresponde.
Caín: Tal vez mañana, salgamos de aquí.
Maria: Sí, tal vez mañana.
Caín: El transcurrir del tiempo siembra la duda.
Maria: No nos da ninguna certeza.
Caín: Pero deja libre la esperanza.
Maria: La vida es un accidente y la única realidad es que te vas a morir. Eso es lo único seguro, tan seguro como que me llamo Maria.
Caín: Como se murió mi hermano Cristo… que hasta hace poco estaba con nosotros.
Maria: Era tan dulce tu hermano.
Caín: Por eso ya no está con nosotros, hace falta cierta dosis de amargura para sobrevivir.
Maria: Esa frase “tal vez mañana" quizás nos mantenga vivos unos días más.
Caín: Los días comienzan y se acaban, luego viene otra vez la noche.
Maria: Así será hasta que llegue la salvación o la muerte.
Caín: Mi hermano.... nunca me gustó mama.
Maria: ¿Caín, por qué?
Caín: No sé como explicarlo.
María: No seas mal agradecido, Cristo murió por nosotros. Deja de hablar tonterías y come.
Caín: No quiero comer, esa carne está media cocida.
María: Es que no veo bien sino por un solo ojo.
Caín: Para lo que hay que ver.
Maria: Con un ojo basta. Eso es verdad, pero no me gusta hacer las cosas a media.
Caín: A media luz las cosas son más interesantes.
Maria: En mi situación no sé que decirte.
Caín: Después de todo, la luz existe a partir de la sombra.
Maria: Pensaré en eso para no sentirme tan mal.
Caín: Lo que esta medio oculto, resulta fascinante.
Maria: ¿Eso piensas?
Caín: Es fascinante, al no mostrarnos todo lo que hay y obligarnos a descubrirlo por nosotros mismos.
Maria: Quizás tenga razón.
Caín: Creo que lo bello no es sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros.
Maria: Si tu lo dices...
Caín: Es una sombra en el cuadro lo que le da brillo. La belleza pierde su esencia si se suprimen los efectos de la sombra. Lo digo yo que soy pintor.
Maria: Es cierto, hasta eso se me había olvidado. Tienes la sensibilidad para encontrar el eterno temblor de la belleza.
Caín: En este escenario la sombra está destinada a borrar los límites entre el mundo de las apariencias y el de la realidad.
Maria: Es posible… ya no sé que pensar.
Caín: Incluso dicen que la pintura se inicio por una sombra.
Maria: ¿Cómo es eso?
Caín: En la antigua Grecia a una mujer enamorada se le ocurrió dibujar en un muro la sombra reflejada de su amado.
Maria: ¿Y eso para qué?
Caín: Para recordarlo cuando no estuviera.
Maria: Hablando de pintura....
Caín: ¿Qué?
Maria: Se me vino a la cabeza... no sé por qué, esa frase de “píntame angelitos negros”.
Caín: Debe ser por haber visto tantos cuerpos ennegrecidos a nuestro alrededor. Muchos totalmente carbonizados. Por cierto ya terminé el fuego que estuvo ardiendo sin control durante tres días.
Maria: ¿Qué te pasa?
Caín: No me puedo quitar de encima los ojos de aquellos zamuros que nos miran. (Señala hacia el público)
Maria: (Viendo hacia el público) Se me hiela la sangre, están como esperando nuestro derrumbe definitivo.
Caín: Sus ojos son como de vidrio que resplandecen en la penumbra, inyectados de sangre, reflejo de la carne muerta que quizás hace poco han devorado.
Maria: Quizás deberíamos hacer como ellos. Así si nos rescatan hasta seriamos famosos.
Caín: ¿A qué te refieres?
Maria: La gente morbosa la mayoría, le fascinaría el espectáculo de saber que un semejante canibaliza a su prójimo y lo devora, rebasando todos los límites y restricciones morales.
Caín: Es horrible como nos miran esos zamuros.
Maria: Nos acechan en la oscuridad como las aves de rapiña que son. Con los ojos abiertos, semejantes a piedras malignas. Satisfacer un instinto salvaje resulta incomparablemente más placentero que satisfacer uno civilizado.
Maria y Caín se quedan mirando unos segundos, hacia el público, donde supuestamente están los zamuros.
Caín: Están volando, no pueden aguantar nuestra mirada, esos malditos animales.
Maria: Nos salvamos de ellos por ahora.
Caín: Sólo por ahora.
Maria. Han pasado varios días y no ha aparecido nadie. Es posible que hayan dejado de buscarnos. Si aparece alguien esperemos que no sean saqueadores.
Caín: ¡Qué! ¿Nos vamos?
Maria: Sí, vámonos.
Caín: No llegaríamos muy lejos.
Maria: ¡Qué! ¿Nos quedamos?
Caín: Sí, quedémonos.
Maria: Mejor esperamos un poco más.
Caín: ¿Sabe?
Maria: ¿Qué?
Caín: Me acabo de acordar de aquellos zamuros con sotanas.
Maria: ¿Cuáles?
Caín: Aquellos que dijeron que aquel deslave donde perdimos todo era un castigo del cielo.
Maria: Esa gente siempre esta sembrando la culpa y los miedos en los demás.
Caín: En ese momento escribí algo para desahogarme.
Maria: ¿Lo tienes contigo para que me lo leas?
Caín: Lo tengo en la maleta.
Maria: Entonces, olvídalo.
Caín: Lo busco, no está lejos, me arrastrare hasta allí.
Caín se arrastra hasta la maleta, busca un papel en su interior y regresa hacia donde está su madre.
Maria: ¿Qué fue lo que escribiste?
Caín: Un poema, que titulé “castigo del cielo”
Maria: Léelo
Caín lee el poema.
Caín: (voz en off)
Castigo del cielo
Espiritualidad en nupcias con el poder terrenal
Cuerpos muertos en la dura batalla del pecado
Victoria siniestra con las armas del temor eterno
Abertura de la vil cicatriz en las cunetas del alma
Acumulada prosperidad con simbología del martirio
Vuelo de la urraca sobre los fieles incapaces de volar
Prédica de la tierra ganada al mar de la desconcertante angustia
Sermón de espanto vociferado por ratas y alacranes
Cuervos con sotanas como viudas deseosas de quitarse el luto
Buitres en hambrienta búsqueda infinita de nueva carroña
Negación de la voluntad de placer de los siervos
Alianza cadavérica con los dueños del mundo
Promesa incumplida de paraísos inexistentes
Ataques por la retaguardia de la existencia
Amenazas con el castigo del Apocalipsis
Cuerpos ennegrecidos por la sangre acumulada de los tiempos
Piedra en movimiento lanzada entre los árboles de la esperanza
Aullido de intrigante sentencia gritada con una tenebrosa ternura
El cielo vació sus aguas por nuestra rebeldía con lo establecido
Maria: Mientras escuchaba el poema me entró una especie de frenética desesperación. Me lloran los recuerdos y la angustia de la vida.
Caín: Son los recuerdos de todo lo que se llevó las aguas. Por lo sentido, por lo que no se quiere olvidar, lo inmortal dentro de nuestras vivencias.
Maria: La desesperación del recuerdo se convirtió en impotencia y borró los demás sentimientos. Los recuerdos son ahora sólo un montón de fragmentos. Quisiera lanzarlos al fuego para convertirlos en cenizas de pensamientos.
Caín: Tranquilízate, nada podemos hacer para cambiar el pasado. Siempre permanecerá en nuestra memoria. Sólo las palabras pueden conjurar el olvido.
Maria: Al comienzo me sentí igual que una rata en una trampa. Pero después comprendí que no podía hacer nada y me invadió una tranquilidad como no he sentido antes en mi vida.
Caín: Quizás sea la resignación. O simplemente una sensación de impotencia.
Maria: Son los deseos mezclados con los miedos, chorreando como sudor tibio sobre la piel, lo que me anestesia.
Caín: Yo también siento algo que lentamente fluye y me da un poco de paz.
Maria: ¿Sabes por qué llevo siempre esta medalla en mi cuello?
Caín: No, dímelo.
Maria: La conseguí precisamente el día del deslave, cuando las aguas me arrastraban junto con las ramas y las piedras y terminé tendida sobre la arena de la playa, entre vientos y olas que me cercaban delirantes.
Caín: ¿Cómo la conseguiste?
Maria: Cuando quedé depositada sobre la arena, una ola arrastró algo hacia la orilla.
Caín: ¿Qué era?
Maria: Era una masa de fango que se movía. Alcance a ver una mano que sostenía la medalla y más arriba la cabeza de un hombre que murmuraba algo.
Caín: ¿Qué cosa?
Maria: Unas palabras lejanas, con una voz muy débil.
Caín: ¿Qué te dijo?
Maria: La lentitud y el volumen con que salían las palabras me hicieron ver que agonizaba.
Caín: ¿Y entonces?
Maria: Solo alcance a escuchar que me daba la medalla, que era una especie de cofre de cariño y que a través de ella siempre me ayudaría… pero solo si lo recordaba.
Caín: Lo acabas de recordar… quizás te ayude el pensarlo.
Maria: ¿Sabes?
Caín: ¿Qué?
Maria: Anoche…
Caín: ¿Qué pasó anoche?
Maria: Tuve una pesadilla.
Caín: ¿Con qué soñaste?
Maria: Soñé que estábamos los dos en un lugar habitado por una araña más grande que nosotros y la veíamos aterrados. Mirándola, sin saber en que momento nos atacaría.
Caín: Olvídate de esa horrible pesadilla. Peor es la pesadilla que soñamos despiertos en nuestra ciudad.
Maria: Lo que ha de ser, será.
Caín: No creo que podamos cambiar el curso de los acontecimientos de nuestra vida, menos podemos modificar nuestras pesadillas. Alguien dijo que la vida era un borrador que no podemos corregir.
Maria: Después de esa pesadilla tengo miedo de cerrar los ojos y dormir.
Caín: No temas sino tendrás también miedo de estar despierta. La pesadilla puede filtrarse del sueño a la vigilia. Simplemente piensa en otra cosa.
Maria: Además, tengo miedo de dormirme por otra cosa.
Caín: ¿Qué cosa?
Maria: Le escuche a un pasajero del avión antes de fallecer por el accidente que en estas tierras existen los Pájaros de la Muerte.
Caín: ¿Qué bichos son esos?
Maria: Según el pasajero eran murciélagos-vampiros, que atacan a la gente cuando se duermen y les chupan la sangre.
Caín: Eso deben ser cuentos como el chupacabras o algo por el estilo. De todos modos, por si acaso, mientras uno duerma el otro permanecerá despierto. Así nos vigilaremos mutuamente.
Maria: Me parece buena idea. Ese pasajero comentó que al quedarse la persona dormida, se posaban cuidadosa y silenciosamente sobre ellos, sin despertarlos, hasta dejarlos sin una gota de sangre.
Caín: Que cosa mas horrible, ya no siga contando más nada sobre esos bichos. Después de todo aquí estamos más seguros que en las calles de nuestra ciudad.
Maria: Quizás a ese pasajero le hacia falta su dosis de violencia urbana, para sentirse en casa, por eso se acordó de esos bichos.
Caín: El sueño de la nostalgia produce monstruos, es posible que sea eso, el pasajero se sentía mas cerca de la ciudad recordando a esos murciélagos-vampiros.
Maria: Sólo nosotros dos hemos sobrevivido, hasta ahora no se ha acercado más nadie con señales de vida.
Caín: ¿El pasajero que te contó lo de los bichos, era el señor gordo de bigotes?
Maria: Sí, el que se veía tan fuerte y nos daba ánimos.
Caín: ¿Estará muerto o inconciente solamente?
Maria: Se murió.
Caín: ¿Cómo puedes estar tan segura? ¿Dónde está?
Maria: Cerca de la maleta roja. Por allí más o menos.
Caín: ¿Y que hace?
Maria: Nada, por supuesto.
Caín: ¿Nada?
Maria: Nada, no se mueve.
Caín: ¿Le has hablado?
Maria: La última vez hasta le grité para ver si reaccionaba.
Caín: ¿Y no te has acercado de nuevo?
Maria: Sí, un poquito.
Caín: Y… ¿Lo has tocado?
Maria: No, no me atrevo. Se me hiela la sangre.
Caín: ¿Qué vamos hacer?
Maria: No sé.
Caín: ¿Huele?
Maria: Sí.
Maria: ¿Huele mucho?
Caín: Más o menos.
Maria: ¿Mal?
Maria: Sí.
Caín: Entonces… está muerto.
Maria: Pero ya olía mal desde el avión.
Caín: Entonces no estamos seguros.
Maria: Pero esta vez olía distinto.
Caín: Tendremos que enterrarlo.
Maria: ¿Habrá algo más allá?
Cain: ¿Más allá de la maleta roja?
Maria: No, más allá de la vida.
Caín: No lo sé, nadie ha regresado para contarlo.
Maria: De repente sentí que me quede en blanco.
Caín: ¿Cuándo?
Maria: Ahora, como después de la explosión.
Caín: Malo es cuando uno lo ve todo negro.
Maria: Eso es desde una óptica racista, no seas prejuicioso.
Caín: No tengo nada contra los negros, es sólo un decir.
Maria: Tú sabrás.
Caín: Ahora que lo dices... es curioso...
Maria: ¿Qué?
Caín: Que el negro tenga una connotación negativa y lo blanco de algo bueno, puro.
Maria: Siempre ha sido así. Desde los tiempos de la conquista, por ejemplo.
Caín: ¿Qué quieres decir con eso?
Maria: Me refiero al efímero reinado del negro Miguel, el primer grito de rebelión en estas tierras contra los desmanes del conquistador. No sé por qué se me vino ese recuerdo.
Caín: A él nadie lo llama precursor y menos libertador. Su reinado aún hoy choca con una realidad ruda y mezquina.
Maria: Es una bonita historia la del esclavo rey.
Caín. La historia está en deuda con él.
Maria: Las injusticias con el color negro. Ningún color tiene el monopolio de la belleza, la fuerza o la inteligencia.
Caín: Como pintor me parece interesante profundizar en eso... si logro salir de esto.... pienso trabajar en eso.
Maria: Esta bien pensar en el futuro... ojala tengamos uno y no todo termine en este lugar. En este presente eterno.
Caín: Esa gente me intrigó cuando decían que solo los elegidos pueden entender lo que sucede al interior de la agrupación.
Maria: ¿Cuando lo dijeron?
Caín: Cuando le preguntaron por qué hacían todo eso.
Maria: Yo lo que recuerdo es que no podíamos hablar.
Caín: No me explico por qué prohibieron hablar entre nosotros.
Maria: Caín, el controlar las palabras es útil.
Caín: ¿Útil para qué?
Maria: Para manipular el pensamiento de las personas.
Caín: Tienes razón, al cortar la comunicación lograban evitar que se contara con tiempo para la reflexión personal.
Maria: Así es, la creencia del grupo puede rebasar la conciencia individual y facilitar la obediencia incondicional.
Caín: Eso pasa por creer ciegamente a un líder, a un Mesías.
Maria: Sólo eso originó la explosión.
Caín: El que esa gente se inmolaran.
Maria: Llegaran a autodestruirse.
Caín: Tenemos suerte de ser los únicos sobrevivientes de todo esto.
Maria: ¿Quién no es sobreviviente en este mundo que nos ha tocado vivir?
Caín: Quizás tenga razón, pero nosotros somos unos verdaderos sobrevivientes.
Maria: ¿A que te refieres?
Caín: Cumplimos con la definición que da el diccionario.
Maria. Entonces lo somos.
Caín: Tú nunca más veras las cosas completamente claras
Maria: Claro que no, sobre todo después que perdí un ojo con la explosión.
Caín: Todo entra por los ojos.
Maria: La mirada lo dice todo en esta cultura, centrada en el ojo.
Caín: Por lo menos te quedó uno.
Maria: A todo se acostumbra una.
Caín: Así es.
Maria: Después de todo.... la mitad de mi no soporta a la otra.
Caín: ¡Qué! ¿Nos vamos?
Maria: Sí, vámonos.
Caín: No llegaríamos muy lejos.
Maria: ¡Qué! ¿Nos quedamos?
Caín: Sí, quedémonos.
Maria: No sabemos que tan lejos estamos de algún sitio poblado.
Caín: ¡El coño de la madre!
Maria: Un poco de respeto.
Caín: ¿Me vas a censurar a estas alturas que diga groserías?
Maria: Por supuesto que no, pero no digas esa.
Caín: ¿Por qué?
Maria: Porque tu madre soy yo.
Caín: Discúlpame.
Maria: Estás disculpado.
Caín: Si logramos salir de aquí…
Maria: ¿Qué?
Caín: Te puedes colocar un ojo de vidrio.
Maria: Si eso pasa, veré las cosas distintas.
Caín: ¿Por qué lo dices?
Maria: Por que uno ve las cosas según el cristal con que se mire.
Caín. Se aclara o se distorsiona. Quizás en ese caso termines teniendo una visión mas distorsionada del mundo.
Maria: Eso me recuerda lo que me dijo una astróloga hace como un año.
Caín: ¿Qué te dijo?
Maria: Me vaticinó que “un hombre se cruzaría en mi camino y me cambiaria la vida”.
Caín: ¿Y entonces?
Maria: Me ilusione y resulta que pasó pero no como yo lo esperaba.
Caín. ¿Cómo pasó?
Maria: Un malandro motorizado se cruzó en mi camino, intentó arrebatarme la cartera y me arrastró con la moto fracturándome las dos piernas.
Caín: Eso si lo sabía.
Maria: Ahora con la explosión del avión se me volvieron a romper.
Caín: A mí también en la caída se me fracturó una pierna
Maria: Así no podemos ir muy lejos.
Caín: Pero así sea arrastrándonos como serpientes saldremos de todo esto…
Maria: También de las serpientes debemos cuidarnos, por cierto.
Caín: Pienso que conseguiremos un refugio en algún lugar donde podamos ser otra vez realmente nosotros y no lo que somos ahora.
Maria. Han pasado varios días y no ha aparecido nadie. Es posible que hayan dejado de buscarnos.
Caín: ¡Qué! ¿Nos vamos?
Maria: Sí, vámonos.
Caín: No llegaríamos muy lejos.
Maria: ¡Qué! ¿Nos quedamos?
Caín: Sí, quedémonos.
Maria: ¿Qué hacemos?
Caín: No sé.
Maria: ¿Esperar?
Caín: Esperar.
Maria: Por lo menos ya no tenemos sed.
Caín: Menos mal que llovió.
Maria: Pudimos llenar de agua una de las maletas. Siento aire de lluvia… quizás vuelva a llover.
Caín: ¿Crees que llueva?
Maria: ¿Es posible?
Caín: Puede ser. El cielo está negro.
Maria: El ambiente está pleno de extraños augurios.
Caín: ¿Qué sientes?
Maria: Es curioso…
Caín: ¿Qué?
Maria: Me acabo de acordar que por salir corriendo hacia el aeropuerto deje la llave del lavamanos abierta. El agua seguro se desbordará e inundará todo el apartamento.
Caín: Eso ahora ya no es importante.
Maria: Tienes razón.
Caín: Mira hacia cielo, ¿Qué ves?
Maria: La maravilla de las estrellas en un cielo sin nubes, aún con el cielo negro.
Caín: Mientras exista la hermosura de una noche brillante de estrellas con un solo ojo basta para disfrutarlas.
Maria: Tienes razón Caín. Es infatigable la tentativa que nos lleva hacia la luz.
Caín: Muchos mueren en el intento, tal vez en medio del camino.
Maria: Como todos esos cuerpos dispersos a nuestro alrededor, que alguna vez tuvieron vida y quisieron alcanzar la luz que los llenara.
Caín: Todos ellos se borraron, desaparecieron. Que atmósfera de desolación la que nos rodea.
Maria: Estamos en medio de la nada hecha pedazos.Y ese viento frío que nos estorba y nos hace crujir los huesos. Y nos da dentelladas en la carne.
Caín: ¿Tienes mucho frío?
Maria: Sí, demasiado.
Caín: Déjame buscarte una cobija.
Caín se arrastra hacia una maleta, busca una cobija, regresa arrastrándose.
Maria: Sacúdela, no vaya tener algún alacrán.
Caín sacude la cobija y después la coloca sobre los hombros de Maria.
Maria. Han pasado varios días y no ha aparecido nadie.
Caín: ¡Qué! ¿Nos vamos?
Maria: Sí, vámonos.
Caín: No llegaríamos muy lejos.
Maria: ¡Qué! ¿Nos quedamos?
Caín: Sí, quedémonos. Lástima que los seres humanos no tengamos mecanismos instintivos que nos aseguren la supervivencia, no somos como las golondrinas que encuentran sin brújulas ni mapas los lugares que buscan.
Maria: Todo por culpa de esa gente.
Caín: No entiendo porque esos terroristas se antojaron de explotar el avión donde veníamos con Cristo.
Maria: Son unos vengadores ciegos. Tienen ojos pero no quieren ver.
Caín: Sólo reciben órdenes, son hombres de rebaño.
Maria: ¿Quién entiende a esa gente? Eran como una manada de arañas negras, endemoniadas, atrapadas en su propia red.
Caín: El mundo de esa gente es arbitrario y en apariencia ilógico, poblado por criaturas, objetos y palabras en busca de un paraíso en ninguna parte.
Maria: Lo que entiendo es que para ellos, todos los demás éramos sus enemigos. La verdad no entiendo el por qué.
Caín: Esos terroristas solo repetían una y otra vez que había que destruir el mundo para salvarlo…
Maria: ¡Que locura! Me da escalofrío el solo recordarlo.
Caín: Parecía que no tuvieran sangre en las venas.
Maria: La verdad creo que no tienen ¿Te acuerdas del cabecilla?
Caín: Sí.
Maria: Vi su cadáver.
Caín: ¿Y entonces?
Maria: De las heridas emanaba un apestoso fluido entre marrón y gris, que seguramente no era sangre.
Caín: ¡Mira! (señala hacia el público)
Maria: ¿Qué?
Caín: Las ratas están en todos lados. Parecen un rebaño nocturno.
Maria: Empezaron a llegar.
Caín: Se pelearan con los zamuros los despojos a nuestro alrededor. Estamos en un basurero maloliente, ante un montón de cadáveres insepultos.
Maria: Siempre las ratas están asociadas a la presencia humana, viven de sus desechos y basuras
Caín: ¿Donde se meterán durante el día?
Maria: Habitan en un universo subterráneo.
Caín: ¿Sabes?
Maria: ¿Qué?
Caín: Esa gente pertenecía a un grupo llamado “el árbol de las ratas”
Maria: ¿No entiendo como unas ratas pueden dar vida a un árbol?
Caín: Según ellos algunas ratas se tienen que sacrificar para servir de abono
Maria: Esperemos que no sean tantas las ratas y el árbol se convierta en un bosque. En algunas ciudades hay más ratas que habitantes humanos.
Caín: Son un ejército de ratones y ratas.
Maria: ¿También hay ratones?
Caín: Sí, los reclutas son considerados ratones al entrar y deben pasar por una serie de pruebas para llegar a ser unas verdaderas ratas.
Maria: ¿Así que como todo ejercito tienen sus jerarquías?
Caín: Así es. Una jerarquía social muy bien definida, aunque cambiante por las luchas internas, en las que hay individuos dominados y otros dominantes. Los miembros se identifican y reconocen por ciertos códigos. Desarrollan una serie de posturas de amenaza o sumisión, que ponen de manifiesto el status jerárquico dentro del grupo.
Maria: No son más que los signos de nuestra época. Hasta yo, soy una rata…
Caín: No puedo creer que tú seas uno de ellos.
Maria: Por supuesto que no lo soy. Por lo menos no de ese árbol.
Caín: ¿Entonces a que te refieres?
Maria: Soy también una rata pero de otro estilo.
Caín: No mama, no lo eres. Has sido una buena madre.
Maria: Gracias por decirlo hijo.
Caín: Nuestro padre estaba en todo sitio como el Dios Padre, menos donde nosotros lo necesitábamos.
Maria: Igualito que el de los cielos, por eso hay tanta arbitrariedad en el mundo.
Caín: Los dos hubiéramos querido que permaneciera más tiempo con nosotros.
Maria: Tu padre vivía en un tiempo sin fechas y sin ninguna lealtad hacia algún lugar.
Caín: Sin ninguna lealtad hacia nadie, diría yo.
Maria: Sus pasos eran como los de un cangrejo enamorado, hacia atrás y hacia los lados, nunca hacia delante. Pero mientras duró, lo nuestro fue un secreto compartido. Aparecía de vez en cuando como las tormentas, para mojarme de pasión y deseo las entrepiernas.
Caín: En esa búsqueda quizás quedó sólo, si es así, nadie llorará su muerte, ni depositará flores en su tumba. Quizás nunca sepa el último destino de mi padre.
Maria: Tu padre salió a comprar cigarrillos y jamás regresó. La bestia dentro de los hombres busca a las mujeres sólo para saciar sus instintos. Para algunos sólo la variedad cuenta, no importa la edad, la belleza o la fealdad, el que sea viciosa o virtuosa.
Caín: Debiste de ver eso cuando se conocieron.
Maria: El amor nos arranca de la realidad y nos confunde. Nos deja desarmadas. No era posible verlo sin desear sus besos. Lo seguía a todas partes como un perrito faldero. Ahora tu padre es sólo un recuerdo feliz que se amarga en un segundo. Toda la vida familiar se organiza alrededor de la persona más dañada.
Caín: Después de todo nadie tiene derecho a decir al otro: “no hagas eso”, ya que nadie conoce el camino y las pruebas que el otro debe pasar.
Maria: El paso a través de las cosas de la carne es un filtro que purifica el alma, eso es lo que pienso. Además por otra parte no te hubiera tenido, ni a ti, ni a Cristo. Siempre desee intensamente el ser madre.
Caín: Gracias por traerme al mundo. No todo ha sido malo.
Maria: El amor de tu padre me dejó dos cicatrices.
Caín: ¿A que te refieres?
Maria: Tanto tú como Cristo nacieron por cesárea. Nadie puede negar que sea madre. Tengo las marcas en mi cuerpo.
Caín: Has sido padre y madre a la vez.
Maria: Eso no quita que sea una rata.
Caín: No entiendo porque insiste en eso.
Maria: Soy una rata según el horóscopo chino.
Caín: Ya entiendo lo que dices.
Maria: Pero también soy una madre rata.
Caín: No aclares que oscurece ¿Cómo es eso?
Maria: Las ratas practican el canibalismo, incluso algunas se comen sus propios hijos.
Caín: No pienses en eso ahora.
Maria: Es terrible cuando una madre tiene que sacrificar un hijo para salvar al otro. Es una carga que obliga a ser transportada.
Caín: La vida es una carga que todos transportamos y tiene que continuar sobre la tierra a costa de cualquier sacrificio, por cruel que parezca. No hay nadie inocente.
Maria: ¿Por qué lo dices?
Caín: Todo el mundo ha hecho algo malo alguna vez. Estoy seguro que si Cristo regresara lo volveríamos a matar.
Maria: La gente pensará que merezco un castigo.
Caín: ¿Qué le importa a la gente que a uno lo castiguen por lo que hizo o por lo que no ha hecho todavía?
Maria: Es posible que esté terriblemente afectada por mi sombra.
Caín: Nadie logra escapar de las amenazas del lado oscuro que convive, para bien o para mal, con cada uno de nosotros.
Maria: Me siento muy mal por lo sucedido.
Caín: No tienes por que sentirte mal, no hiciste nada
Maria: Tengo ganas de llorar pero tengo seco todos los llantos.
Caín: Solo yo fui el verdugo.
Maria: Precisamente, no hice nada para evitar lo que pasó.
Caín: Está en la naturaleza de mi nombre. Siento como si llevara una maldición por dentro. No debiste ponerme Caín.
Maria: Solo el tiempo escribe y borra nombres. A Caín, Dios lo condeno a vagar por siempre.
Caín: A ser un muerto en vida.
Maria: Quizás como Caín condenado a la inmortalidad, nosotros también logremos el sobrevivir. Abel murió sin descendencia así que todos somos hijos de Caín.
Caín: Quizás como él nos convirtamos en vampiros. Después de todo, los vampiros son como grandes ratas con alas.
Maria: Todavía no lo somos.
Caín: ¿Cómo puedes estar tan segura?
Maria: Todavía tenemos sombra.
Caín: Y nos reflejamos en los espejos.
Maria: ¿Cómo lo sabes?
Caín: Me vi reflejado en el agua de la maleta. Pero algún día seguramente después que oscurezca, volveremos a la existencia entre los vivos y los no muertos.
Maria: Tenemos que tener la capacidad de sobreponernos a las situaciones mas adversas. Siempre habrá un lugar para la esperanza.
Caín. Cuando uno está prácticamente derrotado o casi muerto sacamos fuerza de nuestro interior mas profundo para continuar luchando por nuestra vida.
Maria: Tal vez sólo el hundirnos en lo oscuro puede producir finalmente el hallazgo de la luz.
Caín: O una especie de resurrección.
Maria. Pienso que ya resucitamos una vez
Caín: ¿Cuándo?
Maria: Cuando salimos expulsado del avión aún amarrados a los asientos.
Cain: Quizás eso ayudó para amortiguar el golpe.
Maria: Hay amarras que salvan.
Caín: Sí, recuerdo que me agarré firmemente al sillón. Noté un golpe. El estomago me subía y me bajaba bruscamente. Pero no me acuerdo de nada más. Logramos salir vivos del siniestro ¿Pero nos salvaremos del hambre y del abandono de este lugar?
Maria: Solo Cristo salva, Así que piensa en eso y come. Debes ir sin miedo hasta el fin.
Caín: Mama...
Maria: ¿Qué quieres?
Caín: Por más que trato… sigue sin gustarme mi hermano
Maria: Deja de pensar en eso y comételo.
Caín: Está bien, dame un pedazo.
Maria: Cristo se sacrificó por nosotros. Solo la sangre y el cuerpo de Cristo nos pueden dar la vida.
Caín: Esta bien me lo comeré, me comeré a mi hermano, la vida tiene que continuar.
Los dos se comen a Cristo como unas verdaderas ratas. Suena el estallido de un trueno.
FIN

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