jueves 25 de septiembre de 2008

Venezolanos notables paparazzivirtual.com






JOSE ANTONIO BARRIOS VALLE, !!! UN VENEZOLANO DE CORAZON!!!



Aunque nacido en la llamada "Madre Patria", este venezolano de corazón es un dramaturgo más venezolano que ninguno, es jovial, come arepas y cómo disfruta de una buena pieza de teatro, cine, televisión o un buen libro. Nació el 22 de julio de 1964 y desde que cuenta con 8 años está en nuestro país al que ya considera SUYO. Su carrera artística está pintada de muchos colores, ya que se ha paseado alegremente por todas las ramas de esta: escritor, poeta, actor de teatro, televisión y cine, imagen de comerciales y dramaturgo.



Es justamente esta última faceta la que queremos resaltar en este trabajo especial. José Antonio Barrios Valle acaba de ser galardonado con el Primer Concurso de Dramaturgia Breve Gilberto Pinto, organizado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, según el veredicto, unánime, del jurado que integraron los dramaturgos Rodolfo Porras, Gustavo Ott y Carlos Arroyo, por su pieza “Mi vida por un sueño… una cuerda tensa a punto de romperse”, en la que describe la vida del Poeta José Antonio Ramos Sucre.



Pero no ha sido este galardón el único que nuestro agasajado ha ganado aqui en venezuela, fue el autor de “La Cotufa no baila más, una leyenda urbana del Parque Central” estrenada en el Celarg en Noviembre de 2005 y temporada en enero-febrero de 2006 en El Ateneo de Caracas. Con esta obra ganó el Premio Único de Dramaturgia FUNDARTE 2006, publicada en ese año por Ediciones Fundarte.



Posteriormente participó del Taller de Creación Literaria del CELARG 2007-2008 en el género de dramaturgia, con José Gabriel Núñez. En este taller escribió la obra teatral “El Sitio” la cual fue premiada en Inglaterra con el Tercer lugar en el Concurso CASA de Dramaturgia Venezolana Londres / Caracas, en 2008, su primer premio internacional.



Aparte de haber incursionado como dijimos anteriormente en muchas ramas artísticas también tuvo la oportunidad de debutar como "Director Teatral" en octubre de 2007 con la puesta en escena de “El Desvarío” de Jorge Díaz, invitado por el Grupo Teatral Piso Creativo, en el Ateneo de Caracas donde por primera vez logra la inclusión de un nuevo grupo de espectadores con la incorporación de traducción para sordomudos, pieza a la que el equipo de Paparazzi Virtual asistió y que reseñamos de manera exclusiva en nuestro portal, re-estrenando justamente el área del Café del Ateneo como espacio alternativo para apreciar obras teatrales.



Dicha traducción para sordomudos era realizada por una persona sordomuda colocada a un extremo del escenario (casi como lo vemos en televisión) interpretando en lenguaje de señas todo el texto de la pieza para que los asistentes con discapacidad auditiva pudiesen integrarse a este tan importante arte del teatro, que como se afirma, es del "tamaño del hombre".



Los invitamos a deleitarse con el texto más reciente de nuestro "Venezolano de Corazón" visitando el link que colocamos a continuación y su trabajo literario contenido en su blog:





Supimos extraoficialmente que José Antonio Barrios será quien nos represente en el próximo Festival Internacional de Dramaturgia a realizarse en nuestra ciudad muy pronto. Enhorabuena por eso!! Te instamos a continuar desarrolando tu carrera profesional en nuestro país para que tus frutos puedan alimentar a las nuevas generaciones de artistas que está naciendo y expandiendo aún más en estos tiempos.



Desde Paparazzi Virtual como siempre, cuenta con nuestro apoyo!!
Zadir Correa (El Zeta)


lunes 15 de septiembre de 2008

El poeta Ramos Sucre revive en el teatro




Al ciudadano José Antonio Barrios Valle no le gusta decir cuándo nació, ni tampoco dónde. Pero, convencido de la inutilidad de su secreto a voces, “porque esta cara me delata”, reconoce que es oriundo de Cádiz, Andalucía, España, y su primer grito “lo di a las diez de la noche del 22 de julio de 1964, como lo cuenta mi madre Maria Antonia”.Explica que su resistencia a detallar su origen es para evitarse “desagradables detalles xenófobos” de los disociados, que por ahí existen, “engavetados la mayoría”, quienes no saben que él hizo todos sus estudios aquí en Caracas, porque lo trajeron a los ocho años y gracias a ello ahora avanza con una nueva generación ascendente de dramaturgos venezolanos, “porque sí pertenezco a este país”.Y al entrar en confianza da la noticia que justifica este reportaje:


-Acabo de ganar el Primer Concurso de Dramaturgia Breve Gilberto Pinto, organizado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, según el veredicto, unánime, del jurado que integraron los dramaturgos Rodolfo Porras, Gustavo Ott y Carlos Arroyo. El galardón consiste en mil quinientos bolívares fuerte y la publicación de mi obra Mi reino por un sueño…una cuerda tensa a punto de romperse. Ellos avalaron su decisión porque en mi pieza encontraron, como registra la respectiva acta, “un carácter innovador propuesto en la estructura dramática, la creación de atmósferas, la visión humanista y poética de los personajes, así como un consistente dominio de la escritura escénica”.


-¿Por qué el teatro?


-Escribo para que los personajes que están en mi interior puedan ser escuchados. Siento que al escribir teatro los personajes que salen de mí o se me presentan, pueden tomar el cuerpo del actor y vivir mientras dura cada función. Se materializan y expresan sus inquietudes. Persigo o anhelo ser escuchado especialmente a través del montaje de mis obras.Mis primeros maestros y de quienes recibí mayores influencias en mis comienzos dentro del teatro en general y especialmente en mi formación como actor fueron Carlos Giménez y Enrique Porte, con quienes realicé sendos cursos en 1981 y 1983, respectivamente. Además hice diversos talleres con otros maestros. En la dramaturgia he recibido excelentes enseñanzas de profesionales como Marcos Purroy, Gustavo Ott, Mónica Montañés, José Gabriel Núñez y Elio Palencia.


-¿Cuántas obras escritas hasta ahora?


-Hasta ahora, en global, son 13 piezas, que yo divido en cinco obras largas, más un monologo y ocho mini-obras o mínimas. De las cinco, tres han recibido premios. Mi ópera prima, La cotufa no baila más, una leyenda urbana del Parque Central, ganó el Premio de Dramaturgia Fundarte 2006. La penúltima, El sitio, quedó en tercer lugar en Inglaterra en el Concurso Premio CASA de Dramaturgia Venezolana 2008 y la última, por ahora, Mi reino por un sueño... una cuerda tensa a punto de romperse acaba de ganar el concurso de la Casa Andrés Bello.


-¿Cuáles son las temáticas de sus obras?


-Hasta ahora me han interesado temas como el absurdo en las relaciones humanas dentro del entorno urbano, la incomunicación, los dramas de algunos personajes históricos y la intolerancia.La poesía siempre me ha habitado y trato de canalizarla en mis obras de teatro e incluso tengo tres poemarios hasta ahora inéditos. Mi nueva obra surgió durante un taller de poesía que efectué el año pasado 2007 en Monte Ávila Editores bajo la guía de Miguel Márquez. Fueron momentos maravillosos los que allí compartimos ya que disfrutamos tanto de la poesía de diversos autores, pero me atrapó la obra y la vida de José Antonio Ramos Sucre (Cumaná, 9 de junio de 1890/Ginebra, 13 de junio de 1930). Decidí profundizar en ese malogrado venezolano y en sus escritos. Leí sus poemas, sus cartas y las biografías escritas por gente que lo conoció. Así surgieron diversos personajes, acciones, situaciones y se fue armando la estructura escénica de mi obra, que ha resultado premiada. Ahora espero que algún director se enamoré de ella y la escenifique, porque sería exaltar al gran poeta que fue Ramos Sucre. Es posible que para el Festival Festea 2009 Mi reino por un sueño…una cuerda tensa a punto de romperse pueda verse en escena.


-¿Cómo son sus relaciones con grupos y directores interesados en sus obras?


-Considero que he tenido suerte en este sentido ya que las relaciones han sido armoniosas y respetuosas. Mis textos crecieron y se enriquecieron con los aportes y la creatividad de las agrupaciones y los directores que hasta el momento se han interesado en mis obras.


-¿Le interesa escribir para el cine y la televisión?


-Me interesa muchísimo, recientemente he tenido el privilegio de participar en talleres de guiones cine y televisión con profesionales como Patricia Kaiser e Ibrahim Guerra. Por lo tanto es una asignatura pendiente. Hacia allá pienso dirigir mis próximos pasos, sin abandonar por supuesto la escritura para el teatro.


EQUIPAJE TEATRAL


Barrios Valle tiene en su haber cinco obras largas: La cotufa no baila más, una leyenda urbana del Parque Central (estrenada en 2006), ¡Que bodas tienes tú! Cursillo pre-matrimonial para parejas indecisas, Rasputín en Caracas, El sitio y Mi reino por un sueño... una cuerda tensa a punto de romperse.Añade el monólogo La novia viuda. Y cierra con ocho piezas mínimas: De la Carraca a Palo Verde... un metro para Miranda, El año del perro, Punto y coma, Pañito blanco para el altar, Doble despecho... ese bolero ya no es para ti (2007), La novia es mi hijo, Me sacó la piedra y Barajita repetida no llena álbum (estrenada en 2008).


Publicado por E. A. Moreno-Uribe

martes 2 de septiembre de 2008

FESTEA 2009



LA A.C. PATHMON PRODUCCIONES
CREADORES Y ORGANIZADORES DEL
FESTIVAL TEATRAL DE AUTOR
FESTEA
ANUNCIA LA TEMÁTICA Y AUTORES DE LA 6ta Edición 2009:
8 PAÍSES, UN FESTIVAL.

TEMÁTICA: NUEVA DRAMATURGIA IBEROAMERICANA (I)
AUTORES:
ARGENTINA: GONZALO MARULL
BRASIL: MARCOS DAMACENO
COLOMBIA: VICTOR VIVIESCAS.
CUBA: ABEL GONZÁLEZ MELO.
ESPAÑA: RUBEN BUREN.
MÉXICO: LUIS ENRIQUE GUTIÉRREZ ORTIZ MONASTERIO (LEGOM)
PERÚ: JAIME NIETO.
VENEZUELA: JOSÉ ANTONIO BARRIOS.

Nota: Próximamente aparecerá toda la informacion sobre los autores y sus obras en la página de Pathmon Producciones http://www.pathmon.com/
Gracias.

Maigualida Gamero
Directora General
A.C.Pathmon Producciones.

Mi reino por un sueño ... una cuerda tensa a punto de romperse




PERSONAJES:


José Antonio Ramos Sucre
Madre de José Antonio / Rita Sucre Mora
Tío / Presbítero José Antonio Ramos Martínez
Morfeo
Cruz Salmerón Acosta
Mujer de blanco
Coro griego
La Sombra de Antonio José Sucre

ESCENA UNO

José Antonio niño mira por la ventana de su casa, tiene un libro es sus manos, se trata de la Divina Comedia, su madre sentada en una mecedora lo observa mientras teje, está vestida de riguroso negro. El decorado de fondo está constituido por una pantalla donde se proyectarán imágenes fijas o en movimiento.

Madre: José Antonio deje usted de ver el paisaje por la ventana, lo va a gastar de tanto usarlo.
José Antonio: Está bien…
Madre. ¿Qué haces?
José Antonio: Solo observo a los niños jugar, madre.
Madre: Usted no es como ellos…
José Antonio: Lo sé… aunque me gustaría serlo.
Madre: No digas tonterías… un Sucre no pierde tiempo en juegos inútiles.
José Antonio: Solo soy un niño, mama.
Madre: Eso se cura rápido.
José Antonio: ¿Por qué no puedo ser como ellos?
Madre: Por nuestras venas corre sangre de héroe… estas destinado a cosas más importantes… no puedes perder el tiempo como ellos…
José Antonio: ¿Por qué no puedo?
Madre: Toda Cumana te observa…
José Antonio: ¿Por qué lo hacen?
Madre: Eres un Sucre.
José Antonio: Lo que más quisiera es poder vivir mi infancia como cualquier otro niño de Cumaná.
Madre: ¡No puedes!
José Antonio: ¿Por qué?
Madre: Porque eres mi hijo, eres hijo de Rita Sucre, sobrina nieta del Gran Mariscal de Ayacucho, nunca te olvides de eso.
José Antonio: ¿Cómo podría olvidarlo?
Madre: Estoy predestinada a perpetuar mi casta de héroes.
José Antonio: No quiero ser un héroe, es una carga muy pesada.
Madre: Hasta nuestra casa se encuentra sobre una calle que lleva nuestro apellido. Nuestra herencia no es ninguna carga, es un privilegio y usted debería estar orgulloso de eso.
José Antonio: Lo estoy.
Madre: Debe estar orgulloso de pertenecer a un apellido con historia.
José Antonio: Si ya sé todo lo que se espera de mí… me voy a mi habitación a jugar con mis libros.
Madre: Los libros son cosas serías… no debe usted tomarlo como un juego.
José Antonio: Está bien, madre.
Madre: Usted también tiene la sangre de los Ramos, historiadores y profesores que tomaron los libros muy seriamente.
José Antonio: Lo que usted diga madre. La lectura es lo único que me reconforta.
Madre: Mientras mas lea usted mucho mejor… ya saldrá algo bueno de todo eso.
José Antonio: ¿No es suficiente con haber logrado ocupar el primer puesto en mí clase?
Madre: Siempre hay que aspirar a más. Recuerde…
José Antonio: Si madre… Soy un Sucre.
Madre: Debes indagar las características de tus ancestros.
José Antonio: ¿Para qué?
Madre: Para saber cómo se prolongan en usted, cómo puede influir en su destino lo escrito en la sangre heredada.
José Antonio: Madre…
Madre: ¿Si?
José Antonio: No, nada, no importa…
Madre: Dígame usted de una vez por todas lo que me iba a decir.
José Antonio: Anoche no puede dormir.
Madre: ¿Qué le pasó?
José Antonio: Tuve una pesadilla horrible…
Madre: ¿Qué fue lo que soñó?
José Antonio: Usted se me apareció toda desdentada y con el pelo como una medusa.
Madre: ¿Así me ve usted en sus sueños? ¿Qué otra barbaridad, soñó?
José Antonio: Me arrastraba para entregarme a unos cerdos horripilantes para que me devoraran.
Madre: ¿Eso es todo?
José Antonio: Después usted recuperaba mi cráneo y lo vendía como amuleto.
Madre: Esta noche no se quede leyendo hasta tarde, después se le quita el sueño y tiene usted esas tontas pesadillas.
José Antonio: No sólo cuando puedo dormir tengo pesadillas. En plena vigilia alcanzo a ver una sombra.
Madre: La única sombra a la que invoco a diario para que nos proteja es al ánima del héroe orgullo de la familia.
José Antonio: Si ya sé a quien se refiere usted, madre.
Madre: Si es él no tiene usted que preocuparse. ¿Tiene algo más que decirme?
José Antonio: También en algunas ocasiones alcanzo a ver la figura de una mujer vestida de blanco, que camina con suave paso. Una especie de Ifigenia, escapada de en medio del sacrificio y a punto de morir pide refugio.
Madre: Ese es su ángel de la guarda, repita conmigo…
Los Dos: ¡Ángel de la guarda dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día!
Madre: Ahora, váyase a dormir.
José Antonio: Lo que usted diga, madre.
Madre: ¿Qué libro es ese que tienes en las manos?
José Antonio: La Divina Comedia.
Madre: No la leas esta noche. Además mañana temprano sale usted para Carúpano.
José Antonio: Quisiera quedarme, ¿por qué tengo que irme de Cumaná?
Madre: Su tío quiere esmerarse en su adecuada instrucción, estará bajo su cuidado.
José Antonio: ¿Es necesario?
Madre: Su tío el padre Ramos, es el mejor de los mentores, y allá en la iglesia Santa Rosa de Lima aprenderá mucho.
José Antonio: ¿Por qué tengo que ir allá?
Madre: El ha reconocido su talento y no quiere que lo desaproveche.
José Antonio: No me siento bien.
Madre: Quizás allí se sienta usted mejor. Me voy a dormir, apague la luz y váyase a su habitación, mañana tiene usted que madrugar.



La madre se levanta de la mecedora y se retira. Entra una mujer de presencia fantasmal vestida de blanco quien cruzando la escena en actitud misteriosa, observa a José Antonio quien sale detrás de ella.


ESCENA DOS

Se escucha el ”Popule Meus” de José Ángel Lamas. En el centro del escenario, la pantalla seguirá proyectando imágenes. Entra un coro griego que recita al unísono el poema de Ramos Sucre “Entre los eslavos”.

Coro griego: La iglesia inmemorial cabía en la sombra de un roble. Yo admiraba el altar de plata dorada, primor bizantino. Registré el coro y los muebles de encina esculpida. Allí se efectuaron unas exequias inolvidables. El cortejo de unos hombres enlutados se anticipa al féretro de un joven. Portaban sendas linternas. El consejo de los ancianos se había reunido para decidir el restablecimiento de una ceremonia antigua, en señal de tribulación. La virgen más bella del lugar montaba el caballo del difunto y presidía el duelo. Se habían apasionado desde la niñez. La fiesta debía terminar fuera de poblado, en el cementerio, y yo la observe desde lejos. La virgen se abandonó al trote de su cabalgadura y yo la vi desaparecer en un camino ideal, de vaguedad celeste.

Suenan unas campanas.

ESCENA TRES

Se escucha la música de unos cantos gregorianos de fondo mientras el padre Ramos amonesta a José Antonio. En el centro del escenario, la pantalla donde se seguirán proyectando imágenes.

Padre Ramos: Debe usted obedecerme, seguir mi ejemplo.
José Antonio: ¿Quiere que sea un sacerdote? ¿Profesar una religión de parsimonia y dolor?
Padre Ramos: No precisamente pero si tratar de ser una especie de monje medieval lleno de sabiduría.
José Antonio: La historia que he leído me ha dicho que en la edad media las almas nobles se extinguieron todas en los claustros y que a los malvados quedó el dominio del mundo.
Padre Ramos: Por decir eso te castigaré, mañana te quedarás todo el día encerrado en tu habitación.
José Antonio: Por la verdad murió Cristo.
Padre Ramos: Te quedaras encerrado leyendo a Santa Teresa de Jesús, fray Luís de León y San Juan de la Cruz.
José Antonio: Los leeré pero no por razones de religión ó de fe. Sino porque son escritores modelos en el uso de la lengua castellana.
Padre Ramos: Espero que sea por las dos cosas. Tienes mucho talento así que no lo desperdicies.
José Antonio: Quisiera que los jóvenes fundaran una religión sin sacrificio, sin clero y sin altar.
Padre Ramos: Reza y pídele perdón a Dios por tu blasfemia.
José Antonio: Dios es el soberano relegado y perezoso de una monarquía constitucional, en donde Satanás actúa de primer ministro.
Padre Ramos: Ya sacare de tu cuerpo al maligno. ¡Me voy! Antes de que pierda la paciencia.
Sale el Padre Ramos de escena. José Antonio cree ver una sombra.
José Antonio: ¿Quién está ahí? ¿Eres la misma sombra que me acompañaba en Cumaná? ¿Por qué usurpas este tiempo a la noche? Si puedes articular palabras ¡háblame! ¿Por qué has roto tu vestidura fúnebre?



Se apagan las luces.


ESCENA CUATRO

José Antonio adulto habla con su amigo Cruz Maria Salmerón Acosta, mientras llena una maleta con libros. Se escucha el ruido de la lluvia que cae con rayos y truenos. En el centro del escenario, la pantalla seguirá proyectando imágenes.

Cruz: Pasas toda la noche leyendo y una de las cosas que hace al amanecer es leer todos los periódicos ¿qué es lo que busca en sus páginas?
José Antonio: Tomo el periódico, no como el rentista para tener noticias de su fortuna, sino para tener noticias de mi familia, que es toda la humanidad. La indiferencia no mancilla mi vida solitaria.
Cruz: ¿Entonces por qué me has dicho que no te reconoces entre tus compatriotas?
José Antonio. Porque me siento solo, aislado, extraño en mi propia tierra. La verdad no me reconozco entre mis contemporáneos. El estudio es mi único consuelo. Tengo la manía de la investigación; y una curiosidad infatigable. Estudiar para mí es un morbo. Detesto íntimamente a mis semejantes, quienes sólo me inspiran epigramas inhumanos.
Cruz: ¿Desde cuando sientes eso?
José Antonio. Confieso que, desde los días iniciales y vacantes de mi juventud, mi índole destemplada y huraña me envolvía sin tregua en reyertas vehementes y despertaba las observaciones irónicas de las mujeres licenciosas que acuden a los sitios de diversión y peligro. Tú has sido testigo de eso.
Cruz: Si cuando hemos ido a esos sitios prefieres quedarte viendo en vez de irte con alguna de ellas ¿No te sientes atraído por los placeres de la carne?
José Antonio: Si en los burdeles pudiera dormir viviría en ellos, no, no me seducen los placeres mundanos, volví espontáneamente a la soledad. Yo quiero escapar de los hombres hasta después de muerto.
Cruz: Quizás no puedas escapar eres descendiente del gran Mariscal Sucre.
José Antonio: Yo adolezco de una degeneración ilustre.
Cruz: ¿Por qué dices eso?
José Antonio. Amo el dolor, la belleza y sobre todo la crueldad, ya que sirve para destruir un mundo abandonado al mal. Yo me imagino constantemente la sensación del padecimiento físico, de la lesión orgánica. Me siento como un nuevo San Sebastián. Conservo también recuerdos poco gratos y pronunciados de mi infancia.
Cruz: ¿Cómo cuales?
José Antonio: Rememoro la faz marchita de mis abuelos, que murieron heridos por dolencias prolongadas. Mi alma es desde entonces crítica y blasfema. Vivo en pie de guerra contra los poderes humanos y divinos.
Cruz: Te han visto de madrugada deambulando por las calles, ¿tiene que ver esa conducta con tu sensibilidad de poeta?
José Antonio: Simplemente no puedo dormir, padezco de insomnios torturantes. Recuerdo la ocasión alegre, cuando sentí el principio de la enfermedad. Festejábamos, después de mediar la noche, el arribo de una extranjera y su belleza arrogante.
Cruz: Pareces un monje laico, no haces mas que estudiar, en vez de venir con nosotros a los billares, deberías divertirte, ¿no te basta conocer tantos idiomas?
José Antonio: Rehúso volver al mundo y menosprecio las invitaciones de mis amigos. No he hecho más que estudiar siempre, mi hogar no era más que una cárcel, no podía ser como los demás niños. En realidad nunca tuve una verdadera infancia.
Cruz: La infancia es tan importante. Yo si tuve una, desde muy pequeñito me adueñe del cariño de todos en Manicuare, me supieron comprender en mis juegos de trucos, en las peleas de gallos, en las parrandas y diversiones, crecí en un ambiente lleno de amor.
José Antonio: Yo no acostumbraba salir de casa en la ciudad de mi infancia. Mis padres me detenían en la puerta de la calle con un gesto de terror.
Cruz: Por las noches escuchaba de labios de Mano Catire cuentos, canciones armoniosas las cuales aprendía para cantarlas en las fiestas de Cruz de Mayo.
José Antonio: Jamás salí de casa a divertirme con los niños de mi edad en la plaza vecina.
Cruz: ¿Nunca?
José Antonio: Nací en la casa donde todo está prohibido. Mi cadena fue siempre muy corta y muy pesada.
Cruz: Bueno eso fue aquí en Cumaná ¿Y en Carúpano no cambiaron las cosas?
José Antonio: Una sola vez en Carúpano salí a retozar con los niños de mi edad y fui regañado fuertemente por el Padre Ramos y por la plasta de mierda de Martínez Mata.
Cruz: Te acosaban en la casa y el colegio. La mayoría de las personas son ineptas para dirigir el curso de sus vidas y pretenden influir en la de los demás. Yo recuerdo con mucho cariño los estudios de primaria en Manicuare, en casa de Doña Carlota, también añoro con nostalgia la Escuela en el barrio Toporo de Cumaná, tengo hermosos recuerdos.
José Antonio: Es superfluo hablar mal de la gente. En Carúpano hasta las ventanas permanecían cerradas.
Cruz: ¿Cuanto tiempo estuviste allí?
José Antonio: Tres años visitando el infierno de Dante.
Cruz: ¿Cómo es eso?
José Antonio: Carúpano fue un encierro, mi tío, el padre Ramos ignoraba por completo el miramiento que se debe a un niño.
Cruz: ¿Por qué lo dices?
José Antonio: Incurría en una severidad estúpida, por cualquier tontería, se le olvidaba que yo era solamente un niño.
Cruz: Por lo visto. No tienes buenos recuerdos de él.
José Antonio: No, no siento ningún afecto por él. Yo odio a las personas encargadas de criarme.
Cruz: ¿Fueron muy estrictos contigo?
José Antonio: Pasaba días y días sin salir a la calle, recuerdo que me asaltaban accesos de desesperación, de angustias, permanecía horas llorando y riendo al mismo tiempo.
Cruz: Pienso que mas que severidad, era crueldad.
José Antonio: Regaba de lagrimas la almohada en el secreto de la noche.
Cruz: Cómo tu dices, quizás vivir es morirse. La vida es un despilfarro.
José Antonio: Las brumas lentas nacían al empezar la noche y se perdían en la vivienda alucinada.
Cruz: ¿No te angustiaba tanta soledad?
José Antonio: A veces tenía la sensación de una presencia.
Cruz: ¿Cómo era eso?
José Antonio: Una imagen vaporosa se anunciaba detrás de los vidrios húmedos y viejos de la ventana y se perdía velozmente en la profundidad de los salones interiores.
Cruz: ¿No alcanzaste a ver bien de quien se trataba?
José Antonio: Una vez pude detallarla bien.
Cruz: ¿A quien viste?
José Antonio: Era una especie de virgen demente.
Cruz: ¿Por qué lo dices?
José Antonio: Lloraba a ratos, cuando los intervalos de razón suprimían
su locura serena.
Cruz: ¿Llegó a decirte algo?
José Antonio: Se decía hija de los antiguos señores del lugar. Miraba durante su delirio, una floresta mágica, envuelta en una luz azul y temblorosa, originada de una apertura del cielo. Oía el gorjeo insistente de un pájaro invisible, celebraba las piruetas de los duendes alados.
Cruz: ¿Y entonces?
José Antonio: La infeliz sonreía en medio de su desgracia y se alejaba de mí, diciendo entre dientes una canción desvariada.
Cruz: No me hubiera gustado estar en tu lugar.
José Antonio: Tú sabes que la escasa resistencia que ofrezco a las enfermedades no viene sino de un sistema nervioso destruido por los infinitos desagrados y desesperaciones que me afligieron.
Cruz: La incertidumbre es la ley del universo. A veces pienso sino estaré predestinado con el nombre que me pusieron a cargar una cruz.
José Antonio: Hubo momentos en que acudía a uno de los patios internas de la casa a escuchar el agua de una fuente… entonces los pájaros volaban al alcance de mi mano, bajo el cobijo de amor de una ráfaga del infinito. En ese momento me sentía libre como ellos.
Cruz: La fortaleza es la desesperación aceptada.
José Antonio: Los volúmenes de la biblioteca de mi tío y padrino el padre Ramos fueron la única consolación en el robo de tres años de mi niñez.
Cruz: Eso quiere decir que también te dejó algo bueno.
Cruz: Mi tío me recompensó con la compañía y el solaz permanente de muchos libros que llegue a amar profundamente.
Cruz: Entonces no fue tan malo.
José Antonio: Pero igualmente me sobrecargó de disciplina y obediencia excesivas, de castigos y privaciones, de represiones que nunca podré olvidar.
Cruz: ¿Por qué no buscaste ayuda en tu padre?
José Antonio: No acudí a papá por miedo, el padre Ramos, mi tío, era una eminencia y yo no era nadie, sino un niño mal humorado, según ellos, no podían ver que el mal humor venia de la desesperación del encierro y de no tener a nadie que me ayudara. Así fue que se vino elaborando mi desgracia.
Cruz: ¿Cuándo regresaste a Cumaná, no cambiaron las cosas?
José Antonio: Yo había salido de mi recogimiento en la isla del tedio y renunciado mis hábitos de niño y pisaba ahora un castillo de edad incierta. Al salir de ese presidio de Carúpano, circuito del infierno dantesco, pude salir a la calle, pero la tiranía era más severa aunque de nueva forma. Incurría en el enojo de Rita Sucre por actos de falta de atención o de fatiga y estas escenas eran tremendas y duraban meses.
Cruz: ¿Por qué no tratabas de conciliar?
José Antonio: No podía aplacarla a pesar de mi docilidad nativa.
Cruz: ¿Cómo pudiste sobrevivir a todo eso?
José Antonio: Mi naturaleza venció, después de mucho tiempo, el mal encarnizado.
Cruz: ¿Por eso eres tan reservado y solitario? Siempre estas ensimismado, huraño, como ausente del mundo que te rodea.
José Antonio: Vivo como una cuerda tensa, siempre a punto de romperse.
Cruz: No es bueno que estés bien tarde en la noche en tu cuarto, desvelado, leyendo y releyendo en vez de dormir y descansar como los demás.
José Antonio: No puedo dormir. Un ciprés enigmático me domina desde el horizonte de mi infancia. Yo no hago más que cultivar las memorias de mi niñez meditabunda.
Cruz: En Caracas quizás cambien las cosas para ti. Ahora que nos vamos, a seguir estudios en la Universidad.
José Antonio: Es la mía una queja intensa, como si estuviera aumentada por la de antepasados virtuosos que lamentaran mi sufrimiento.
Cruz: En Caracas búscate un amor.
José Antonio: Imposible el amor cuando el porvenir ha caído al suelo y la enfermedad de vivir arrecia como una lluvia helada y triste. Enamorarse es una falta de amor propio.
Cruz: Cómo tú dices, los hombres deben pagar el privilegio de haber nacido varones.
José Antonio: Tengo los brazos abiertos a todas las desventuras, estoy clavado a una cruz por los dolores propios y ajenos. Recorro sin descanso los aposentos de mi casa antigua. El infortunio me arraiga de nuevo en el suelo de mi nacimiento.
Cruz: Olvídate de Cumaná.
José Antonio: Es imposible olvidarla, aún cuando sea una ciudad infeliz, dividida por un río tardo, encaminado al ocaso.
Cruz: La describes muy bien.
José Antonio: Agobiada por el tiempo y acogida a un recodo del continente, guardando costumbres seculares, contando aguadores y mendigos, versados en proverbios y consejos.
Cruz: Simplemente déjala atrás.
José Antonio: Cumaná siempre será mi Jerusalén idolatrada.
Cruz: Quiero que te lleves de regalo el primer poema que escribí en mi vida y que te dedique a ti, mi amigo inseparable. (Le entrega un papel a José Antonio, quien lo toma en sus manos mientras se escucha la voz en off de Cruz)
Voz en off: En este panorama que diseño
para tormento de mis horas malas,
el cielo dice de ilusión y galas,
el mar discurre de esperanza y sueño.

La libélula errante de mi ensueño
abre la transparencia de sus alas,
con el beso de miel que me regalas
a la caricia de tu amor risueño.

Al extinguirse el último celaje,
copio en mi alma el alma del paisaje
azul de ensueño y verde de añoranza;

Y pienso con oscuro pesimismo,
que mi ilusión está sobre un abismo
y cerca de otro abismo mi esperanza.

José Antonio: Aprecio mucho tu gesto. Debes seguir escribiendo, tu poema está lleno de belleza.
Cruz: ¿Que me aconsejas partiendo de tu sensibilidad?
José Antonio: No soy poeta de frivolidades, de artificios, ni de juegos florales, sino un creador que saca del fondo de si mismo, la materia de su creación poética. Lo que se escribe debe tener un solo adorno: el de la expresión exacta.
Cruz: ¿Cómo lograr esa exactitud?
José Antonio: La expresión no debe sonar jamás a discurso, a elocuencia declamatoria. Escribir bien se reduce a dos vías: el conocimiento del diccionario y la lectura de buenos modelos.
Cruz: ¿Eso no podría llevar a la imitación?
José Antonio: Nunca se debe imitar lo que otro haya dicho, cada hombre tiene dentro del espíritu una mina en la cual halla lo que necesita.
Cruz: ¿Entonces, lo más importante es la originalidad?
José Antonio: Cada hombre es un mundo aparte. Para ser original basta encontrarte a ti mismo. Pero no olvides que primero está la belleza que la originalidad y tú la tienes..
José Antonio: Bueno… es hora de irnos. Tratare de luchar contra el áspero ataque de la vida.
Cruz: El tiempo lo dirá.
José Antonio: El tiempo es una invención de los relojeros. Pero sí, quizás lo logre al apartarme de mi mayor fuente de sufrimiento, mi madre.

José Antonio cierra la maleta, la transporta saliendo de escena con Cruz que lo ayuda con el equipaje.

ESCENA CINCO

La pantalla proyectará imágenes oníricas y fantasmales. Aparece José Antonio envuelto en una sábana blanca como un sudario, está desesperado y alucinado por la vigilia obligada que lo acosa. La escena se llena de un humo denso como nubes.

José Antonio: ¡Quiero dormir! ¡Quiero estar en los brazos de Morfeo! ¡Quiero soñar y dormir como cualquier simple mortal! ¡Te invoco hijo del sueño y la noche! ¡Ten piedad de mí, sino déjame en manos de tu hermanastro, la muerte!
Morfeo: ¡Aquí estoy!
José Antonio: ¿Quién eres?
Morfeo: Me has llamado, soy el principal de los Oniros.
José Antonio: ¿Eres Morfeo?
Morfeo: Tú lo has dicho.
José Antonio: ¿Por qué me castigas?
Morfeo: ¿A que te refieres? ¿Por qué has osado despertarme de mi cama de ébano, en mi cueva sutilmente iluminada, donde me encontraba rodeado de flores de adormidera?
José Antonio: Tú eres el encargado de inducir el sueño de quienes duermen, ¿por qué a mí me lo niegas?
Morfeo: Una vez fui fulminado por Zeus por haber revelado secretos a los mortales. No puedo revelártelo.
José Antonio: Sólo te pido no me discrimines, dame lo que le das a cualquier simple mortal.
Morfeo: No eres un simple mortal. Estas por ahora en manos de mis hermanos Fobetor y Fantaso, debo respetar a mi familia.
José Antonio: ¡Sólo quiero dormir!
Morfeo: Fobetor, el que espanta, te llena en ocasiones de visiones proféticas y pesadillas, con mi otro hermano Fantasos te acompañan con la apariencia de unos murciélagos. No eres un simple mortal.
José Antonio: ¿Por qué lo dices?
Morfeo: Eres un rey, el sueño de los reyes es distinto, somos los tres oneiros principales, y nos encargamos de los sueños de los reyes. Se dejan los sueños del resto de los mortales para los otros oneiros.
José Antonio: ¡Daría mi reino por un sueño! Por favor entonces déjame en manos de tu hermanastro Tanatos.
Morfeo: Pronto estarás con él, abrazaras la muerte, alcanzando el sueño eterno, por ahora sólo te puedo ayudar con esto. (Le da una flor)
José Antonio: ¿Qué es?
Morfeo: Una flor de adormidera.



José Antonio toma la flor y queda profundamente dormido.

ESCENA SEIS

En el centro, la pantalla seguirá proyectando imágenes. Aparece un coro griego con mascaras y mantos negros que recita al unísono el poema “Azucena” de Ramos Sucre.

Coro griego: El solitario divierte la mirada por el cielo en una tregua de desesperanza. Agradece los efluvios de un planeta inspirándose en unas líneas de la Divina Comedia. Reconoce, desde la azotea, los presagios de una mañana lánguida. El miedo ha derruido la grandeza y trabado las puertas y ventanas de su vivienda lucida. Un jinete de máscara inmóvil retorna fielmente de un viaje irreal, en medio de la oscuridad, sobre un caballo de mole espesa, y descansa en un vergel inviolable, asiento del hastío. Las flores de un azul siniestro y semejantes a los flabelos de una liturgia remota, ofuscan el aire, infiltran el delirio. El solitario oye la fábrica de su ataúd en un secreto de la tierra, dominio del mal. La muerte asume el semblante de Beatriz en un sueño caótico de su trovador. Una doncella aparece entre las nubes tenues, armada del venablo invicto, y cautiva la vista del solitario. Llega el nacimiento del día de las albricias, después del viernes agónico, anunciada por un alce blanco, alumno de la primavera celeste.

Sale el coro griego de escena y entra una mujer de presencia fantasmal vestida de blanco quien cruza la escena en actitud misteriosa.


ESCENA SIETE

José Antonio adulto está sentado en una silla en pijama trata de escribir algo en una hoja en blanco, escribe, tacha lo que escribe, rompe la hoja de papel y la bota en una papelera, repite esta acción varias veces, antes de hablar en voz alta como en un dialogo consigo mismo. En el centro, la pantalla seguirá proyectando imágenes.

José Antonio: Que difícil es sacar las palabras escondidas dentro de una hoja en blanco, no puedo concentrarme en seducirlas y que se me entreguen, debido a esta eterna vigilia a la que he sido sentenciado por un juez desconocido, quisiera tener la ayuda de una Beatriz que me guíe hacia los infiernos del Dante.



José Antonio escribe en una hoja y lee en voz alta lo que está escribiendo

José Antonio: “Cuando la muerte acuda finalmente a mi ruego y sus avisos me hayan habilitado para el viaje solitario, yo invocaré un ser primaveral, con el fin de solicitar la asistencia de la armonía de origen supremo, y un solaz infinito reposará mi semblante. Mis reliquias, ocultas en el seno de la oscuridad y animadas de una vida informe, responderán desde su destierro al magnetismo de una voz inquieta, proferida en un litoral desnudo. El recuerdo elocuente, a semejanza de una luna exigua sobre la vista de un ave sonámbula, estorbará mi sueño impersonal hasta la hora de sumirse, con mi nombre, en el olvido solemne”. (Se queda pensativo por un instante y habla como consigo mismo) Ahora que me siento inconsolable como el emperador Adriano terminaré mi otro poema (escribe mientras lee en voz alta lo que redacta) “Adriano estaba inconsolable con la pérdida de su favorito en el río cenagoso, entre saurios torpes. Había perecido cuando ostentaba los atributos e insignias de Apolo. Las palmeras descabelladas presenciaban una vez más el sacrificio del sol, anegadas en la penumbra del momento solemne, y una pirámide abrumaba el horizonte de modo inexorable. Adriano había seguido las inspiraciones de una curiosidad impía y las enseñanzas de una crítica presumida, al visitar osadamente el país de los mitos sabios, espectador inmóvil del misterio. Adriano se ha reclinado sobre el zócalo de un monumento derruido, en la vecindad del río inagotable, y descubre una imagen de su pensamiento en la actitud de un gavilán, el mismo rito indígena, ensañado en aventar las plumas de una victima”.

Agarra las hojas con los poemas y las guarda en una carpeta.

José Antonio: Tuve suerte hoy, las palabras fueron amables conmigo y se dejaron agrupar de manera armónica. ¡Dios mío! ¿Será que el sueño no aparecerá nunca más? … cuanto daría por poder dormir como cualquier simple mortal. ¡Qué suplicio! Este insomnio prolongado, invencible y terco que me condena a perpetua vigilia. Qué devoradora sed de sueño siento… de un sueño libre de visiones, donde pueda alcanzar el olvido total… ¡Quiero dormir! … ¡Quiero dormir!

José Antonio desesperado se quita la ropa, quedando semidesnudo. En el centro del escenario, la pantalla proyectará una imagen del “martirio de San Sebastián”, ante la cual se colocará José Antonio en la misma posición del santo. Entra un coro griego.

Coro Griego: Eres un nuevo San Sebastián cuyo martirizador no fue Diocleciano sino tus contemporáneos. El martirio era tu única posibilidad de rebeldía. Recreación oscura de un pintor enardecido. Heridas no cicatrizadas por el paso del insomnio. Atado al árbol con el rostro derretido de una plegaria, con tus versos clavados como velas encendidas. Eres un nuevo San Sebastián enfrentado al dilema de las horas, palpitando en el encuentro mártir con el dormir un sueño donde alcance el descanso eterno.

ESCENA OCHO



En la pantalla se seguirá proyectando imágenes. Aparece José Antonio envuelto en una sábana blanca como un sudario, está caminando como sonámbulo cuando se detiene al ver una sombra.

José Antonio: ¿Eres tú la misma sombra que me acompaña desde mi infancia de Cumaná? ¿Cuál es la causa de que tu difunto cuerpo, vuelva otra vez a ver los rayos pálidos de la luna? ¿Es que no piensas manifestarte nunca mediante la palabra? ¿Es que acaso no puedes articular sonidos? ¿Eres como decía Rita Sucre la sombra del héroe orgullo de nuestra familia? ¿Eres el Gran Mariscal de Ayacucho?

La Sombra: Mírame, presta sólo atentos oídos a lo que voy a revelarte. Yo soy en efecto el alma de tu antepasado ilustre, pronto podremos hablar en otros espacios, tú también serás un héroe.

José Antonio: Nunca he querido ser un héroe
.
La Sombra: Lo serás de todas maneras.

José Antonio: Nunca me han gustado las armas de la guerra.

La Sombra: Se puede ser también un héroe con las armas del espíritu. Las tuyas son las lanzas de la poesía Adiós. Ya el murciélago buscando esconderse nos anuncia la proximidad del día.

ESCENA NUEVE


José Antonio está sentado sobre una cama con un frasco en la mano, se toma todo el contenido del mismo, hay otros frascos en el piso. Se escucha su voz en off. En el centro del escenario se proyectarán imágenes, las cuales pueden ser fijas o en movimiento.

Voz en off: “Creo en la potencia de mi facultad lírica. Sé muy bien que he creado una obra inmortal y que ni siquiera el triste consuelo de la gloria me recompensará de tantos dolores “
José Antonio: (dirigiéndose al público) Solamente el miedo al suicidio hasta ahora me permitía sufrir con toda paciencia, ya no siento ese miedo. Sé intuir la llegada de la muerte voluntariamente anticipada a la hora misma designada en el presagio. Antes de hoy en un intento fallido ya había sentido temporalmente el estupor y la felicidad de la muerte. Esta vez el intento no será fallido.
José Antonio toma una hoja de papel y escribe una carta.
José Antonio: Antes de tratar de alcanzar el sueño eterno, debo terminar la carta a mi querida prima Dolores Emilia: “Te advierto que mis dolores siguen aquí en Ginebra tan crueles como cuando me consolabas en Caracas. Yo no me resigno a pasar el resto de mi vida en la decadencia mental. La sensibilidad que del adverso mundo me hace huir al solitario ensueño, se habrá hecho más aguda y frágil al alejarse gravemente mi juventud con la pesada melancolía de la nave en el horizonte vespertino”.
Aparece un coro griego con mascaras y mantos negros.
Coro griego: (al unísono) La calavera del símbolo domina en su canto de soledad y amargura anunciando por medio de una trompeta de bronce, la soberanía perenne del olvido. La luz llegará a ti después de perder el fuego en la espesa trama de los árboles; en la distancia acabará el ruido antes que invada tu apaciguado recinto. Alcanzarás la serenidad de la esfinge ante el mar de las arenas africanas. Te quedaras con la mirada inmóvil como la de una más­cara de granito, descubierta en la orilla de un río divinizado, en­tre lotos y palmeras.
José Antonio al terminar de escribir la carta la deja caer, queda con la mirada fija hacia el público por unos instantes y cae al suelo muerto. Se proyecta en la pantalla imágenes oníricas, mientras se escucha una voz en off que recita el poema de Ramos Sucre “Sueño”.
Voz en off: Mi vida había cesado en la morada sin luz, un retiro desierto, al cabo de los suburbios. El esplendor débil, polvoso, de las estrellas, más subidas que antes, abocetada apenas el contorno de la ciudad, sumida en una sombra de tinte horrendo. Yo había muerto al mediar la noche, en trance repentino, a la hora misma designada en el presagio. Viajaba después en dirección ineluctable, entre figuras tenues, abandonado a las ondulaciones de un aire gozoso, indiferente a los rumores lejanos de la tierra. Llegaba a una costa silenciosa, bruscamente, sin darme cuenta del tiempo veloz. Posaba en el suelo de arena blanca, marginado por montes empinados, de cimas perdidas en la altura infinita. Delante de mí callaba eternamente un mar inmóvil y cristalino. Una luz muerta, de aurora boreal, nacida debajo del horizonte, iluminaba con intensidad fija el cielo sereno y sin astros. Aquel pasaje estaba fuera del universo y yo lo animaba con mi voz desesperada de confinado.


ESCENA DIEZ



José Antonio está sentado sobre una lapida en el cementerio habla con el fantasma de Cruz Salmerón Acosta, se escucha de fondo el ruido de las olas del mar. En el centro, la pantalla donde se seguirán proyectando imágenes.

Cruz: No recuerdo siquiera si recibí la bendición antes de llegar aquí.
José Antonio: No necesitamos de la hospitalidad en los cementerios bendecidos, porque es santa toda tierra donde se abre una fosa a un mártir como al naufrago un puerto.
Cruz: ¿No me reconoces?
José Antonio: Ni siquiera aquí puedo descansar eternamente de la atención de mis semejantes.
Cruz: A la gente como nosotros siempre alguien la recuerda, el olvido total es imposible. Soy Cruz.
José Antonio: Tu compañía es una de las pocas que soporto.
Cruz: Pero nunca tuve tu compañía durante mi martirio en Manicuare.
José Antonio: Tú Cruz Salmerón Acosta eres mi amigo fiel desde aquel remoto día en que juntos fundamos la revista "Broche de oro”.
Cruz: Los dos compartimos la sensibilidad poética.
José Antonio: Tengo un pensamiento recurrente por el cual deseo transformarme en todos los hombres y todos los tiempos, en todos los objetos y todos los elementos, en todas las causas y todos los efectos.
Cruz: ¿Eso quieres?
José Antonio: Sí, diluirme en una atmósfera etérea.
Cruz: Yo al contrario desearía tomar un solo cuerpo completo y perfecto, especialmente después que tuve que padecer que el mío se desintegrara como un rompecabezas sin solución.
José Antonio: La lepra, es una enfermedad que comparte con la locura el carácter de sagrada, se había encendido la santidad sobre tu frente.
Cruz: Hubiera querido que esa santidad no me tocara.
José Antonio: Se me confunden las palabras que vienen a mi mente, no sé cuales solo han vivido en mis poemas y cuales en mi eterna vigilia.
Cruz: ¿Qué recuerdas?
José Antonio: Recuerdo por ejemplo a un rival quien me acusó de haberme sustraído a la visita de mis padres cuando pulsaron el tímpano colocado a la puerta de mi audiencia.
Cruz: ¿Y entonces?
José Antonio: Mis criados me negaron a los dos ancianos, caducos y desdentados, y los despidieron a palos.
Cruz: Al contrario que para mí, para ti los recuerdos de la infancia son los menos gratos
José Antonio: El universo es mental pienso que todo se sostiene en la mente del todo.
Cruz: Hubiera querido que mi vida hubiera sido toda mental sin padecer el martirio de la lepra en mi carne.
José Antonio: Nunca te visite en Manicuare porque no te quería ver muerto en vida.
Cruz: La verdad es que mostraba una corteza indolora en vez de epidermis. Mi vestido semejaba una funda que sujetaban por medio de vendas y cintas, reproduciendo el aderezo de las momias.
José Antonio: Lamento no haberte acompañado físicamente en esos momentos.
Cruz: En lo que los dos coincidimos es que no poseemos presente, pasado, ni futuro, hemos trascendido esas limitaciones. Somos los últimos sacerdotes de un culto perdido.
José Antonio: Pertenecemos a una sociedad poética secreta y es en ese tiempo y en ese espacio en donde se encuentra nuestro reino, donde sólo ondea la bandera de la poesía.
Cruz: Entramos a ese territorio definitivamente, para la eternidad, yo desde Manicuare, tú desde Ginebra. ¿Sabes? desde mi lugar de reclusión podía ver tu amada ciudad de Cumaná, siempre estabas en mi recuerdo.
José Antonio: Tu lugar de destierro físico y espiritual aún convida al reposo de la contemplación, desde el ancho azul que abarcaba Manicuare y Cumaná. Viene a mi memoria tu poema que tan intensamente recuerda esa tonalidad de nuestro cielo compartido.



Aparece un coro griego con mascaras de calavera y mantos negros que recita al unísono el poema “azul” de Cruz Salmerón Acosta.



Azul de aquella cumbre tan lejana hacia la cual mi pensamiento vuela, bajo la paz azul de la mañana, ¡color que tantas cosas me revela!
Azul que del azul cielo emana, y azul de este gran mar que me consuela, mientras diviso en él la ilusión vana de la visión del ala de una vela.
Azul de los paisajes abrileños, triste azul de los líricos ensueños, que no calman los íntimos hastíos.
Sólo me angustias cuando sufro antojos de besar el azul de aquellos ojos que nunca más contemplarán los míos.

Sale el coro griego y aparece una mujer vestida de blanco con una corona de flores que coloca sobre una tumba.



José Antonio: Una mano desconocida había depositado, antes de mi deserción, una corona de flores lívidas en la mesa de su oratorio. Esa corona, ceñida a la frente de la muerta, bajó también al reino de las sombras.
Cruz: A ese reino oscuro tenemos que regresar irremediablemente. Al final de mis días ya era inmune al dolor, ya no sufría, solo esperaba la muerte.
José Antonio: Se cumplió lo que pedí en uno de mis poemas: “Cuando la muerte acuda finalmente a mi ruego y sus avisos me hayan habilitado para el viaje solitario, yo invocaré un ser primaveral, con el fin de solicitar la asistencia de la armonía de origen”.
Cruz: Ve al encuentro de tu mujer idolatrada.
José Antonio: ¿A qué mujer te refieres?
Cruz: Tu Beatriz.
José Antonio: Ella no es una mujer. Beatriz está por encima de las pasiones humanas, pertenece a la esfera de lo celeste.
Cruz: Quizás con su ayuda encuentre el consuelo.
José Antonio: ¿El consuelo?
Cruz: Sí, para entrar definitivamente en el mundo subterráneo dónde yo me encuentro, desde hace ya un año.
José Antonio: Eso es lo que más deseo con la terrible hambre de sueño y de descanso que siento.
Cruz: Ya no lamentaras más la ofendida belleza ni el imposible amor.
José Antonio: Yo quiero estar entre vacías tinieblas, porque el mundolastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras.
Cruz: ¿Y entonces?
José Antonio: Entonces me habrán abandonado los recuerdos que ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve.
Cruz: Vuelvo a las tinieblas de donde salí para darte la bienvenida. (Sale de escena)
José Antonio: El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fantástico asilo; mas yo lo habré escalado de brazo con la muerte. Ella es una blanca Beatriz, y, de pies sobre el creciente de la luna, visitará la mar de mis dolores. Bajo su hechizo reposaré eternamente y no lamentaré más la ofendida belleza ni el imposible amor.

La mujer de presencia fantasmal vestida de blanco se acerca a José Antonio, lo toma de la mano y lo saca de escena.


FIN

Premio I. Concurso de Dramaturgia Breve Gilberto Pinto 2008






VEREDICTO

El Ministerio del Poder Popular para la Cultura a través de la Casa Nacional de las Letras "Andrès Bello".


Reunidos en la ciudad de Caracas, a los trece dìas del mes de agosto del año 2008, despuès de haber leìdo, analizado y discutido la totalidad de las obras presentadas al concurso, nosotros: Rodolfo Porras, Carlos Arroyo y Gustavo Ott; integrantes del Jurado del I Concurso Dramaturgia Breve "Gilberto Pinto", emutimos por unanimidad el siguiente veredicto:

PREMIO ÙNICO:
(Dotado de mil quinientos bolìvares fuertes)
Obra: "Mi reino por un sueño ... una cuerda tensa a punto de romperse"
Autor: Josè Antonio Barrios Valle

Por considerar el carácter innovador propuesto en la estructura dramàtica, la creaciòn de atmosferas, la visiòn humanista y poetica de los personajes asì como un consistente dominio de la escritura escènica